Así es la historia de la princesa Kaguya, versión ilustrada

El Japón de lo refinado y fantástico que hoy conocemos se ha fraguado durante muchos siglos, con diversos ingredientes que han impregnado de sabor y color la maravillosa cultura que podemos apreciar en la actualidad. Notable fue el periodo Heian (794-1185), época precedente al régimen militar más conocido por la figura del samurái. La tradición nobiliaria Heian, entre otras cosas, popularizó un elemento trascendental como es el silabario kana, gracias al cual el idioma japonés comenzó a adquirir su independencia del chino. Y no es ni más ni menos que El cuento del cortador de bambú, actualmente más conocido como El cuento de la princesa Kaguya, una de las obras que emplearía este método de escritura para narrar una historia que todavía logra estremecer al lector del siglo XXI.

Una historia atemporal

El cuento del cortador de bambú (título original) fue una de las primeras obras publicadas por Chidori Books, sello valenciano de literatura japonesa que nos brindó inicialmente en formato digital la traducción de este gran clásico de las letras orientales. En esta ocasión, el salto al papel viene acompañado con una introducción que establece el contexto histórico y nos permite apreciar con una mayor facilidad el mérito y significado de esta novela que cuenta unas 100 páginas; sin embargo su mayor reclamo son las ilustraciones que salpican la narración, obra de Abe (Ana Belén Villalba), quien ha afilado sus pinceles para ofrecer una aproximación realmente personal y disfrutable de este universo milenario.

La narración nos lleva de la mano desde el nacimiento de un ser magnífico de las manos de un leñador, que en un día de faena encuentra de casualidad a nuestra verdadera protagonista dentro de un tallo de bambú: la princesa Kaguya. De rasgos delicados y carácter persistente, la princesa es capaz de obsequiar con fortuna a sus padres de adopción, quienes encuentran en Kaguya a la hija perfecta. Pronto, la narración se adentra en las costumbres y fábulas de la sociedad japonesa Heian, describiendo así el entorno alrededor de la princesa. Nos encontraremos con intrahistorias de lo más divertidas, protagonizadas por los pretendientes nobles que piden su mano, y hasta la persona del emperador, por aquel entonces máxima autoridad en Japón, quien tiene un papel capital en la obra.

Lectura ligera pero trascendente

El relato es como un caramelo cuyo dulzor se alterna con momentos de amargura e incluso acidez, toda una proeza estilística que se hace increíblemente fácil de leer pese a su antigüedad y nos permite visualizar sin esfuerzo ese Japón pretérito de formas gráciles y cierta ingenuidad. Es divertido, ameno y sus ilustraciones dan un toque distinguido al conjunto. No hay que desmerecer el contenido histórico del escrito, señalado como uno de los motivos principales de su concepción.

El cuento de la princesa Kaguya (2013, Studio Ghibli) dirigido por el maestro de la animación Isao Takahata ha sido uno de los largometrajes de animación más efectivos de la década. Si bien la película expande con ímpetu el concepto original, la semilla se mantiene intacta, y a través de la novela podemos entenderlo y apreciarlo. No fue ésta ni la primera, ni será la última vez que este clásico de la literatura nipona vea una adaptación a otro medio.

El cuento de la princesa Kaguya (2013)

El cuento del cortador de bambú

Autor: Anónimo

Traducción: Iván Hernández Núñez

Ilustración: Abe (Ana Belén Villalba)

Editorial: Chidori Books

Formato: Papel

Año: 2020

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