Pensamiento japonés

El Tokio de la ficción

Tokio está en los videojuegos, en los mangas, en las películas y en todos los medios audiovisuales, siempre con cierto grado de protagonismo. Es una ciudad tan grande y polifacética que es fácil aprovecharla para obras literarias y audiovisuales. Como escenario, no hay duda de que es sobrecogedor, con esos inmensos edificios, ese toque futurista (o según donde mires, ochentero) y tantas estampas icónicas como el pase de peatones de Shibuya, la Torre de Tokio o el Parque Ueno. Más allá de estos iconos, que no son más que la superficie, algo fascina a los creativos de esta metrópoli, como para usarla no solo como telón de fondo sino también como protagonista de sus creaciones.

Usar Tokio como una estampa que admirar es un recurso bastante antiguo, tanto que proviene de cuando Tokio no era Tokio, sino Edo. El shogunato Tokugawa erigió Edo y conforme avanzó esa época de prosperidad, llegó la popularización de los grabados. Conocidos como ukiyoe, representar la capital de Japón en estos trabajos pictóricos era habitual. Grandes artistas como Utagawa Hiroshige o Toyohara Chikanobu plasmaron rincones ya emblemáticos de Edo como el templo Sensoji o el barrio Ueno, y gracias a sus trabajos hoy conocemos con bastante detalle cómo era el ambiente del Tokio pretérito. La ciudad no era solo un elemento circunstancial, no; era el centro, un lugar admirable cuya presencia sirve para que los habitantes de provincias puedan viajar hasta la capital sin moverse de casa.

 

El Tokio de las películas

La importancia del lugar como parte del legado histórico es innegable, pero no solo es esa la motivación de convertir a Tokio en protagonista. La cultura japonesa carga con una responsabilidad por la estética. Cuando uno pasea por las calles japonesas todo parece estar en su lugar, no hay una acera que rompa la armonía ni un color que se salga de la gama cromática dominante. Al ser una ciudad tan tecnológica, hay ciertos elementos que han tomado especial protagonismo desde siempre, como por ejemplo los ferrocarriles, auténticas virguerías técnicas que en la actualidad se han convertido en los archiconocidos trenes bala shinkansen, vehículos sobre raíles que se cuentan entre los más veloces y prestigiosos del planeta.

Hablar sobre trenes nos lleva a un cineasta esencial en la historia fílmica japonesa, Yasujiro Ozu, cuya película más celebrada es Cuentos de Tokio (Tokyo Monogatari). Su tratamiento de la capital japonesa es verdaderamente poético, a pesar de que la mayoría de sus escenas transcurren en el interior de casas tradicionales japonesas, y muchos planos no están filmados en Tokio. Sin embargo, el significado de la metrópoli sirve como hilo conductor sobre el que se desarrolla su historia, y se representan su personajes, con distintas situaciones vitales y la mayor de las tramas de la película, la diferencia generacional de quienes vivieron el Japón de la era Meiji y ven ahora una ciudad enrarecida que se moderniza a marchas aceleradas, hogar para las próximas generaciones de japoneses que pronto serán los protagonistas de relanzar Japón hacia la cúspide mundial con una industrialización imparable.

Por supuesto, esta fascinación por Tokio no ha dejado de estar presente entre los directores japoneses, Una pastelería en Tokio es una aproximación a la cultura de la gran capital incomparable. En el filme, la célebre actriz Kirin Kiki representa esa figura del Japón costumbrista, tan típica del cine nipón, desde un punto de vista agridulce. La cercanía que transmite la película casi parece irreal, pues refleja un Tokio con relaciones humanas tan cercanas y preciosas que no parece ser una de las ciudades más grandes del mundo.

La idea de usar Tokio como símbolo de la vertiginosa evolución japonesa tras la Restauración Meiji (1868) también se ha utilizado de forma extensiva en la literatura. Natsume Sôseki es quizá el mayor exponente en este aspecto, no solo se trata de uno de los más grandes escritores japoneses sino que su estilo está íntimamente relacionado con Tokio, que sirve de escenario para muchos de sus libros como Soy un gato, Kokoro o Sanshirô. La brillante descripción y utilización del carácter tokiota hace que las novelas tengan una tridimensionalidad perfecta, y sirvan no solo como inolvidables historias entre la ficción y lo autobiográfico sino también como testimonios de una época. Clásicos como Musashino, de Kunikida Doppo, sirven por su parte para apreciar cómo cambia Tokio con los años, pues si hay algo evidente de esta ciudad es su impermanencia a lo largo de la modernización de Japón… y sus numerosos incendios.

El Tokio fantástico del manga y los videojuegos

No es exagerado afirmar que muchos occidentales conocieron Tokio a través del manga y el anime, que por supuesto son un escaparate perfecto para los paisajes japoneses. Si muchos adultos de hoy en día admiran y aprecian Japón es por la habilidad de los mangakas para transmitir el lado más interesante de su país, y en particular, la grandilocuencia de Tokio. La lista que podríamos mencionar aquí es casi infinita, pero baste señalar Tokyo Ghoul o Steins;Gate por su capacidad para transportarnos a un Tokio fantástico o con elementos de ciencia ficción. Es apasionante cómo la riqueza arquitectónica y estética de la capital japonesa puede potenciar las viñetas o los animes que de otra manera, no tendrían el mismo efecto.

Y no podemos no mencionar los videojuegos, porque aquí el asunto alcanza otro nivel. Ya no hablamos de representar Tokio, ni de usarlo como un elemento narrativo, sino de participar directamente en él. A día de hoy existen muchos juegos ubicados en la metrópoli, pero entre ellos destacan dos franquicias que lo hacen de manera constante y como una seña de identidad. Hablo de Yakuza, conocido en Japón como Ryu Ga Gotoku, la serie de videojuegos propiedad de SEGA cuyo escenario protagonista es Kamurocho, una representación de barrio tokiota Kabukicho espectacular, que nos traslada a la vida de las mafias japonesas y el mundo del crimen organizado. Y aunque menos conocido, es también muy especial el Tokio creado por la serie Shin Megami Tensei y Persona, juegos de rol con tintes de fantasía demoníaca que a menudo convierten la gran capital en el un escenario postapocalíptico. La última iteración de esta franquicia, Shin Megami Tensei V, nos permite recorrer una versión desértica de Tokio y reconocer en ella monumentos como la Torre de Tokio o el Estanque Shinobazu, una verdadera obra de arte.

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