Tiempo de Hiroshima, tiempo para evocar

Viajar sin moverse del lugar donde uno se encuentre, simplemente dejándonos llevar por la imaginación, leyendo las páginas de un libro que nos invita a pasearnos por una de las ciudades japonesas que con más fuerza resuenan en la memoria colectiva universal. A sus cambios, a sus calles, a sus cafeterías, a sus gentes, nos aproxima Suso Mourelo a través de esta crónica personal que lleva por título Tiempo de Hiroshima. Bienvenidos a un viaje a la nostalgia, al presente y al futuro.

 

 

Tiempo de Hiroshima

Autor: Suso Mourelo

Editorial: La Línea del Horizonte

Género: Literatura de viajes, crónica

Año: 2018 (ES)

 


Que a nadie engañe el reducido formato de esta pequeña joya, pues aquellos que se adentren en sus poco más de cien páginas, encontrarán un soporte de lujo (papel de alta calidad, maquetación original, gusto por los detalles y ese olor a tinta tan preciado por los lectores empedernidos y más tradicionales) para un libro evocador y sugerente que nos traslada hasta la Hiroshima actual, heredera de la que sobreviviera a aquel fatídico 6 de agosto de 1945.

El agua une las tierras y las vidas. Las frases, regatos de una historia, se separan  del cauce para crear corrientes nuevas. Palabras, el manantial de la vida. 

A esta Hiroshima renacida de sus cenizas nos conduce Suso Mourelo, profesional de dilatada experiencia en el mundo del periodismo y la cultura y a quien ya conocimos previamente por su “En el barco de Ise“. Viajero incansable, su pluma nos brinda una visión particular y muy personal de esta urbe de luz y de agua, una visión repleta de sinestesias, de los colores de las estaciones, de minuciosas descripciones de los lugareños, a quienes retrata en instantáneas del momento el autor, convertido en espía y cronista de una realidad que unas veces nos transmite a través de sus propios ojos, otras, a través de la mirada de amigos o conocidos, de individuos con los que, por los hados o el destino, se cruza en su devenir diario. Es así como Mourelo nos habla de cambios sociales, de omnipresentes kamis, de tradiciones inmortales o de las que se adaptan a los tiempos, de curiosidades, de literatura occidental y japonesa, de yurusu bunka o cultura del perdón, de la obligada visita al Museo de la Paz, de las mutaciones estacionales, de arquitectura… un sinfín de temáticas, un sinfín de testimonios que nos aproximan al día a día de una ciudad viviente que se esfuerza por no olvidar, que palpita y respira, que renace a cada nuevo sol.

Hondori, Hiroshima. Fotografía de Jean Chung.

Si algún inconveniente hubiera que apuntar a esta personal crónica de Hiroshima, lo único que podríamos achacarle es un estilo que, pese a lo pulido y depurado, no encajará a todo el mundo, pues se trata de una prosa poética estudiada al extremo, o al menos esa es la sensación que transmite, que no sale de manera espontánea de la pluma del autor, sino que este explora posibilidades retóricas hasta que da con la mejor y más conveniente figura. Con todo, también hemos de admitir que forma parte del propio estilo del autor, y que el resultado es impecable y tremendamente evocador. Por otro lado, la obra acusa un ritmo cambiante, más ligero y natural cuando el autor se muestra más espontáneo, sin buscar de manera tan claramente intencionada los requiebros retóricos que salpican tan a menudo el texto. Sin embargo, ello no es óbice para que la lectura resulte placentera e interesante, más bien al contrario, demuestra la experiencia que respalda al autor en el arte de escribir, de plasmar sentimientos y sensaciones, de invitarnos a volar a la otra parte del mundo y hacernos sentir partícipes de su deambular por las calles de Hiroshima. Sin duda, un viaje evocador que vale la pena sentir.

¿Por qué elegimos un lugar para recorrer o soñar? Quien se desplaza busca el descubrimiento, el descanso, el sustento o el cambio. Alguien hace la pregunta, ¿por qué viajas? Nunca he sabido contestar, solo siento que está relacionado con vivir. Con la curiosidad y la emoción. Solo puedo saber por qué voy a un lugar y no a otro, qué convierte un punto del mapa en obsesión, qué muda un sitio desconocido en el centro del mundo.

Memorial de la Paz de Hiroshima. Fotografía de Jean Chung.

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