El año nuevo japonés llega a Barcelona

Somos diferentes, sí, y eso se nota hasta en la celebración del Año Nuevo. Mientras los españoles apenas recordamos ya las campanadas del 31 de diciembre, la comunidad japonesa de Barcelona acaba de celebrar la entrada en el 2018.

Por Luis Caldeiro

El Colegio Japonés de Barcelona –un espléndido recinto situado en San Cugat del Vallés, localidad muy cercana a la ciudad condal- ha acogido el pasado 28 de enero la Fiesta Japonesa del Año Nuevo. El evento, celebrado bajo los auspicios del Consulado Japonés –a través de su Encargado de Asuntos Culturales, el sr. Kei Matsushima– y organizado por Barcelona Suikoyai –la asociación de empresarios japoneses en Cataluña- y Casa Nippon Barcelona, mostró un amplio abanico de  actividades que reflejan las tradiciones japonesas correspondientes a esta época del año.

 

Kei Matsushima en acción

Una fiesta familiar

El evento comenzó hacia el mediodía y se prolongó hasta las cuatro de la tarde. Eran poco más de las doce cuando el Coro Infantil del Colegio (integrado por alumnos de primero a cuarto curso), entonó una serie de canciones tradicionales. E instantes después, los estudiantes ofrecían al público un enérgico concierto de tambores japoneses (Waidako). La participación del alumnado no quedó ahí: en el aula 1 de la planta baja, éste ofreció un taller de Caligrafía Japonesa, donde los amantes de este arte pudieron contemplar cómo los alumnos del Colegio transcribían sus nombres españoles a  ideogramas japoneses. Todo un goce para los sentidos.

 

Las tradiciones de la tierra

Avanzaba la tarde y comenzaban los platos fuertes de la jornada, aquellas actividades que muestran tradiciones ancestrales, vivamente arraigadas a la tierra y propias de esta época del año. A la una de la tarde se celebró el Kagamiwari, o apertura del barril donde se ha preparado el sake que se consumirá en el nuevo año. Y poco más tarde tenía lugar el Mochitsuki, la ceremonia donde se amasa arroz glutinoso (a base de dar golpes con un mazo de madera en una especie de gran cuenco o mortero de piedra), a fin de elaborar el dulce denominado mochi. Quienes lo deseaban podían subir al escenario, blandir el mazo y golpear repetidamente el arroz depositado en el cuenco.

Un momento de la comida. Mesa dispuesta para los visitantes.

La ceremonia tiene tal importancia que de hecho la fiesta de Año Nuevo también es conocida como Mochitsuki taikai (que literalmente significa “elaboración de mochis”), porque es típico de estas fechas elaborar estos ricos pastelitos de arroz de textura elástica, gomosos y de bonito aspecto estético. ¿Sabían que pueden servirse rellenos de té verde, chocolate, pasta de haba roja o de cualquier otro sabor que se les ocurra?

 

Gastronomía y  buena mesa

Tras el esfuerzo físico de machacar el arroz en el Mochitsuki, el visitante pudo reparar fuerzas degustando algunas de las exquisitas especialidades gastronómicas que, a un módico precio (1-2 euros la ración), podían encontrarse en las mesas dispuestas por la organización. No sólo se servía  daifuku (mochi relleno de anko, una pasta endulzada de judías azuki), sino también edamame (vainas de soja inmaduras, hervidas con sal y servidas enteras); dorayaki (dulce compuesto de dos bizcochos redondos,  relleno de chocolate y anko) y los populares tallarines denominados yakisoba, entre otros platos. La bebida corrió a cargo de la organización, incluyendo una marca de cerveza del país.

 

Juego y Ocio

El apartado lúdico tuvo también un papel importante en el acto. Hubo desde talleres de dibujo en cometas

Juego japonés shogi

y de vuelo de éstas (takoage) hasta hanetsuki o bádminton tradicional japonés, que se juega en Año Nuevo y en el que se emplean unas bonitas raquetas de madera (ricamente decoradas y que se comercializan profusamente como souvenirs) llamadas hagoita. Especialmente interesante fue el taller de shogi, conocido popularmente como “ajedrez japonés” y que, sin embargo, resulta más complejo para la mente occidental que nuestro popular juego de mesa. Quien esto escribe da fe de ello.

 

Éxito total

El gran número de personas que se desplazaron desde Barcelona para acudir al evento da buena cuenta del éxito de éste. Resultó ser una fiesta eminentemente familiar, no sólo por el entorno en que se desarrolló (el Colegio Japonés de Barcelona), sino también por el hecho de que una buena parte de los visitantes eran parejas jóvenes con hijos. Curiosamente, los españoles duplicaron en número a los nativos japoneses, algo que demuestra la buena salud que la cultura nipona tiene en nuestro país. El japonismo ha venido para quedarse.

Daniel, 45 años, camarero, es un veterano aficionado a la fiesta del Año Nuevo: “Estudié japonés cuando era más joven y hace nueve o diez años que asisto a este evento”, confiesa. Daniel afirma que “antes la fiesta se celebraba en el Hotel Melià Sarrià. Este es el primer año que se hace aquí, en el Colegio Japonés. Y la verdad es que está muy bien organizado. Por ejemplo, para comprar comida hay varias colas, una para cada tipo de plato”. En cuanto a las diferentes actividades, lo tiene claro: “si tuviera que señalar una, escogería sin duda los tambores japoneses (Wadaiko)”.

Demostración del motchisuki

Kei Matsushima, Encargado de Asuntos Culturales del Consulado Japonés en Barcelona, fue en todo momento el maestro de ceremonias, coordinando el acto hasta en sus más mínimos detalles. Se muestra “abiertamente satisfecho” con cómo se ha desarrollado la fiesta: “se ve que hay mucha gente que está interesada en la cultura japonesa, que prueba el mochi y que está muy contenta”. Y sobre el número de visitantes españoles, que superó con creces al de japoneses, confiesa que “al principio pensábamos que interesaría más bien al público nipón, porque la fiesta de Año Nuevo es una costumbre tradicional de nuestro país, pero ahora estamos viendo que ha acudido un gran número de españoles. Un dato que  es positivo”. Y acerca del cambio de ubicación (como ya hemos dicho, es el primer año que se celebra en el Colegio Japonés) afirma que “quizás estamos un poco más lejos de la ciudad de Barcelona, pero por razones logísticas, como evitar colas, estamos bien aquí”.

En definitiva, un éxito total. Pero no se inquieten: ya quedan menos días para celebrar la llegada del 2019.

 


 

Luis Caldeiro es periodista free-lance y dibujante. Desde hace quince años es redactor de la revista La Veu del Carrer, de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB). También ha colaborado con el diario catalán AVUI, con el Boletín de Empresas de la Cámara de Comercio de Barcelona y con las revistas digitales SumaSalut, de la Mutua L’Aliança y esadealumni.net (red de antiguos alumnos de ESADE).

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