Entrevista con Kei Matsushima, Encargado de Asuntos Culturales del Consulado General del Japón en Barcelona

“Que en Japón coexistan tradición y tecnología futurista no es contradicción. Es convivencia en armonía”

España vive una auténtica japomanía. Más allá del sushi y el manga (con todos los respetos para esta exquisitez gastronómica y para un género que levanta pasiones entre jóvenes y no tan jóvenes), el país del sol naciente experimenta hoy un auge sin precedentes en nuestro país, en todos los sentidos. Si se trata de una moda pasajera o de algo más profundo, sólo el tiempo lo dirá; aunque nos inclinamos a creer que Japón ha venido para quedarse. En todo caso, y haciendo bueno el dicho aquel de que “los extremos se atraen”, está claro que Japón y España, países antípodas, vibran actualmente con un mutuo magnetismo. Un momento al que no es ajena la labor de personas como Kei Matsushima, Encargado de Asuntos Culturales del Consulado General del Japón en Barcelona.

Kei Matsushima

Matsushima se graduó en la Escuela de Cultura, Comunicación y Sociedad por la Universidad de Waseda, obteniendo el Máster Universitario en Español como Segunda Lengua por la Universidad Complutense de Madrid. En 2014 comenzó a trabajar en la Sección Política y Cultural de la Embajada del Japón en Panamá para, dos años más tarde, desembarcar en la Agregaduría Cultural del Consulado Japonés en Barcelona, su cargo actual, desde el que desarrolla todo una serie de actividades cuyo fin es la difusión de la cultura nipona en el ámbito de Cataluña, Valencia y Baleares.

Este joven diplomático accedió a ser entrevistado por Aki Monogatari, dejando claro, eso sí, que sus opiniones son estrictamente personales y que en ningún caso representan la postura oficial del Gobierno o del Cuerpo Diplomático Japonés en los temas por los que ha sido preguntado.

 

Aki MonogatariA simple vista, parece que no pudiera haber países más diferentes que Japón y España. No sólo por la geografía -al estar en las antípodas uno del otro- sino también por su modo de ser: la cultura japonesa está llena de sutileza y sensibilidad. También el orden, la disciplina, la estricta educación y el sentido de comunidad caracterizan al Japón. En comparación, el español es fieramente individualista, anárquico, directo, casi brutal. Pese a tanta diferencia, ¿cree usted que hay puntos en común entre nuestras dos culturas?

 

Kei MatsushimaEs verdad que somos países muy lejanos geográficamente, y también es cierto que hay una diferencia social y cultural. Es fácil decir que somos diferentes; pero yo, que he vivido en España varios años, pienso que ambos pueblos comparten valores fundamentales como el aprecio al arte y la cultura, el respeto hacia la tradición y las costumbres, así como el amor a la gastronomía. Sí que tenemos cosas en común.

 

A.M. ¿Cree que precisamente el ser tan diferentes puede ser la causa de que últimamente haya un interés mutuo tan fuerte entre España y Japón?

 

K.M. Efectivamente, hay un interés mutuo, como dice usted. Soy testigo del boom en España de la gastronomía japonesa, de su cultura pop con el manga y el anime, de las artes marciales…Y también hay un auge español en Japón, que se expresa en el éxito del flamenco y la paella, en el número creciente de turistas que viaja a España… Así que, pese a esa gran diferencia cultural y social de la que hablábamos, sí existe un interés mutuo.

 

A.M. ¿Piensa que el interés que se vive en España por lo japonés es una moda pasajera o que responde a una actitud más profunda?

 

K.M.  Bueno, esperemos que siga esta moda (sonríe). Como usted ya sabe, recientemente se ha celebrado el Salón del Manga en Barcelona. Este año hemos batido el record de visitantes con 148.000 personas, y se observa un número creciente de participantes en este evento, año a año. Algo que implica que cada vez hay más interés en el Japón.

 

A.M. Una de las cosas que más fascina a un occidental del Japón es su milenaria y riquísima cultura tradicional. ¿Cree que esa cultura aún está viva o que ya es algo en decadencia, una reliquia del pasado, que sólo interesa como objeto de estudio para especialistas (historiadores, antropólogos, etc.)?

 

K.M. Yo no diría que la cultura tradicional japonesa esté en decadencia, pero sí que, lamentablemente, en estos últimos años se valora menos, sobre todo entre los jóvenes, supuestamente por el desarrollo de géneros culturales como el manga y el anime, así como por la introducción en el país de otras culturas extranjeras. Pero aun así, ante el boom global de nuestra cultura que se vive en todo el mundo -que incluye artes como la ceremonia del té, la caligrafía, el arreglo floral o ikebana, así como las artes marciales-, pienso que el público japonés se está dando cuenta de la importancia de estas tradiciones y está volviendo a prestarles atención.

 

A.M.Otra de las cuestiones que más llama la atención de su país es que, poseyendo una cultura tradicional tan rica, se haya convertido en justamente todo lo contrario: una sociedad hipertecnificada. ¿Cómo ha podido darse un fenómeno tan curioso?

 

K.M. Desde mi punto de vista, en realidad no se trata de una conversión, sino de convivencia entre tradición e innovación. Por ejemplo, si usted pasea por las calles de Tokio encontrará templos y santuarios que han conservado su aspecto durante siglos, junto a rascacielos y edificios diseñados con las últimas técnicas arquitectónicas. En este sentido, considero que lo interesante de nuestra sociedad es esta mezcla, que también constituye uno de los elementos más atractivos para los extranjeros, por otra parte.

 

A.M.Me acaba de decir que en Japón conviven santuarios milenarios con edificios ultramodernos. ¿No hay algo de esquizofrénico en esto? ¿Cómo pueden convivir, en el mismo espacio, cosas tan diferentes? ¿Cómo viven los japoneses esta contradicción? ¿O no lo viven como una contradicción, sino como algo natural?

 

K.M.Tras la Guerra Mundial, el país creció económicamente e incorporó elementos de otras culturas, así que durante setenta años puede decirse que se ha dado esta convivencia. Es por eso que yo no considero que este fenómeno sea una contradicción, sino una convivencia en armonía. La nuestra es una sociedad que te permite gozar de cada aspecto social según tu propio gusto o tus necesidades.

 

A.M.¿Esta capacidad de armonizar cosas diametralmente opuestas -algo que quizás en otros países o culturas provocaría roces y conflictos- considera que es una de las grandes características del pueblo japonés?

 

K.M.Se podría decir que sí. Por ejemplo, Tokio y Kioto son totalmente diferentes. Kioto era la antigua capital del país, y en ella se conservan aún muchos elementos tradicionales que no han cambiado desde el siglo VIII. En cambio, la capital actual, Tokio, está llena de oficinas gubernamentales y empresas de primer orden, y los edificios suelen ser más modernos y  prácticos. Si a uno le gusta más la tradición, por tanto, tiene la ciudad de Kioto. Pero incluso en Tokio, en el barrio de Asakusa (浅草), se conservan templos y mercadillos tradicionales. Es decir, que en cada región pueden encontrarse diversidad de barrios, y cada barrio responde a la demanda de cada público.

 

A.M.Esta capacidad de armonizar elementos diferentes, que es una capacidad eminentemente adaptativa, ¿explica el éxito de Japón como nación, desde su derrota en la Segunda Guerra Mundial hasta el nivel de gran potencia que ostenta ahora?

 

K.M. Creo que sí. Usted sabe que los japoneses siempre hemos tenido problemas: Desastres naturales como tifones, terremotos, tsunamis… En cada siglo ocurre alguna catástrofe. En el siglo XX, además, tuvimos la Guerra Mundial, donde se destruyeron edificios e infraestructuras. Pero siempre que ocurre algo así, intentamos recuperarnos, adaptándonos a la situación. Así que puede decirse que sí, que a lo largo de la Historia hemos cultivado esa capacidad de recuperación y adaptación.

 

A.M. Para todo occidental, y por tanto, para un español, Japón -y Oriente en general- es un enigma. ¿Cree que un occidental puede llegar a conocer en toda su intensidad lo que es la cultura japonesa? ¿O por el contrario piensa que la distancia cultural entre nosotros es tan grande que ese desconocimiento solo puede mitigarse en parte?

 

K.M.Con los avances tecnológicos de que disponemos, como Internet, las Redes Sociales o los medios de comunicación, que están disponibles en cualquier idioma, pienso que el acceso a la cultura japonesa es cada vez más fácil. Ello permite a un occidental descubrir más aspectos sobre el Japón. Aun así hay que tener en cuenta que las informaciones que se ofrecen a través de estos medios son más limitadas. Sin embargo, también es verdad que cada vez más gente intenta conocer Japón con sus propios ojos. Cada año aumenta el número de turistas españoles al país y viceversa. Por ejemplo, aquí tengo unos datos que señalan que en 2016 visitaron Japón 92.000 españoles, lo que representa más del triple de la cifra que se registró hace diez años. Y por otro lado, el año pasado viajaron a España 475.000 turistas japoneses, lo que supone casi el doble que en 2006. Por tanto, nos estamos intentando conocer en una forma cada vez más profunda, acercándonos aún más.

 

A.M. Pero usted me habla de tecnología, que nos permite ver y conocer lo que está ocurriendo en Japón en tiempo real, convirtiendo este planeta en una aldea global. Sin embargo, yo me refiero a algo más sutil: por ejemplo, mientras un español ve en una taza de té un recipiente con un líquido caliente que más o menos disfruta bebiendo, el japonés ve todo un ceremonial, con una filosofía detrás. Esa diferencia cultural no se salva simplemente con Internet o Televisión. ¿Cree que nosotros, occidentales, podemos llegar a adquirir esa sutileza, esa sensibilidad, ese cuidado por los pequeños detalles?

K.M.Creo que sí. De hecho, y ya que usted ha mencionado la ceremonia del té, aquí en Barcelona tenemos una asociación donde imparten clases varias señoras japonesas que son maestras en esta ceremonia. Últimamente han participado un número considerable de españoles que están aprendiendo cada paso, cada movimiento, cada proceso de este ritual. Y la verdad es que lo están disfrutando. Yo creo que es cuestión de acercarse a la cultura. Si realmente uno quiere conocer la cultura japonesa, tiene que buscar la forma de conocerla mejor. Y muchas personas ya lo están haciendo.

 

A.M. El Japón puede aportarnos las cualidades que antes hemos mencionado: su sensibilidad, su educación, su disciplina, su sentido del orden, de la comunidad… ¿Qué cree que puede aportar España a su país?

 

K.M.En base a mi experiencia (llevo ya cuatro o cinco años viviendo aquí), lo que pueden aportarnos los españoles es su sociabilidad, que para mí es admirable. Esa cercanía que tienen ustedes y que quizás no existe en Japón, porque a nosotros nos cuesta más abrirnos. Por ejemplo, que en una parada de metro o de autobús de repente se te ponga a hablar un extraño, que te pregunte cosas y que de ahí surja una conversación. También depende de la persona, claro, pero en todo caso para mí es algo agradable. Gracias a esa cercanía he podido conocer a mucha gente, y de este modo, también su cultura.

 

A.M. Ya hemos dicho que en la actualidad se vive un auténtico boom de todo lo japonés en España. Pero también es cierto que hay mucho desconocimiento sobre su país: se saben cuatro clichés, y poco más. ¿Usted cree que la situación en Japón es similar, es decir, que existe una gran ignorancia respecto a lo que es la cultura española?

 

K.M.Hay que admitir que en Japón, pese al gran interés que existe por la cultura española, todavía existe desconocimiento hacia ella. Por ejemplo, al descubrir algún aspecto de su país, en Japón siempre se emplea la expresión “el país de la pasión”, probablemente por la imagen que transmiten tradiciones como el flamenco o los toros. Tradiciones que forman parte de su cultura, efectivamente, pero que no constituyen su totalidad. De hecho, cuando se presenta alguna faceta cultural de España en la televisión japonesa, siempre se pone de fondo música flamenca. Pienso que es cierto que se trata de la parte de su cultura que vende más, pero también que no representa toda la cultura española. Así que, por tanto, por nuestra parte también existe una cierta ignorancia. Por eso espero que las actividades culturales que estamos organizando desde el Consulado General del Japón en Barcelona sirvan para fomentar ese conocimiento mutuo.

 

A.M.Ya que usted ha sacado el tema, me gustaría saber qué labor está desarrollando la Agregaduría Cultural de su Consulado para acercar nuestras dos culturas.  

 

K.M.A lo largo del año el Consulado organiza numerosos eventos. Por ejemplo, acabamos de tener el Salón del Manga, que es el mayor de todos, y en junio también se celebró en el barrio de la Barceloneta el Natsu Matsuri o festival de verano Matsuri (http://matsuribcn.com/), donde, entre otras actividades, se ofreció un concierto de tambores japoneses, además de bailes. Y resultó todo un éxito: participaron 23.000 personas en apenas dos días, lo cual no está nada mal. Anteriormente, en mayo, tuvimos una demostración de Maki-e en el lacado Urushi, que también tuvo una excelente acogida. En definitiva, desde el Consulado siempre estamos intentando transmitir diversos aspectos culturales de nuestro país. Y como el año que viene se celebrará el 150º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre España y Japón, habrá aún más actividades. No  olvidemos tampoco los años 2013 y 2014, fecha en que celebramos el año dual de Japón y España, en conmemoración de 400 años de amistad entre ambas naciones, lo cual contribuyó a aumentar el interés mutuo. Un interés que ahora estamos intentando reforzar organizando diversos eventos.

Considero que estamos ante una coyuntura histórica por el gran momento que viven las relaciones entre Japón y España. Tenemos que aprovechar este momento para acercarnos aún más.

 

A.M. Siguiendo con el tema del boom de todo lo japonés, ¿me podría decir si en su país se vive un momento similar respecto a España?

 

K.M.La verdad es que nos gusta mucho España. Le puedo contar una anécdota: conocí a un chico español que trabajaba en un tablao en Tokio, y un día me comentó que allí había más academias de flamenco que en la propia España. Que siendo países tan distantes, haya un interés de tal magnitud, para mí es algo increíble. Últimamente, además, se ha puesto de moda la comida española, y tanto en la capital como en otras ciudades puede encontrar multitud de bares españoles que ofrecen las especialidades típicas, como el jamón, la paella, las tapas, etc. Por ejemplo, hace diez años, cuando yo era estudiante, la palabra “bar” no sonaba tanto; hoy, por el contrario, todo el mundo la reconoce y sabe que es española. En este sentido, aquí también tenemos nuestro particular boom de lo español. Por otro lado, el fenómeno turístico es importante, porque siempre ha habido muchos japoneses interesados en la arquitectura de su país, como la Sagrada Familia, la Alhambra… Así que…en efecto, hay un gran interés en Japón hacia España.

 

A.M.Hay una pregunta que, siempre que hablo con un extranjero, no me resisto a hacerle: ¿Qué imagen tienen de los españoles?

 

K.M. ¿Qué le han contado, por curiosidad? (risas)

 

A.M. No, aquí el que hace las preguntas soy yo (más risas)

 

K.M.Bueno, como ya le he comentado antes, es típico describirles en términos de “el español es pasión” (énfasis) Así que la gente siempre piensa que un español es, no sé… una persona muy alegre, muy abierta… Y yo estoy de acuerdo, creo que sí lo son. Aunque lo de la pasión la verdad es que no sé de donde viene, porque está claro que hay gente que tiene su pasión por una determinada cosa y no se puede generalizar. Pero sí, el carácter alegre, amigable… Y también se utiliza bastante la frase “el país del sol”. Así que pienso que la imagen que se tiene de España siempre ha sido muy positiva. Es mi impresión.

 

A.M.¿Cómo definiría el momento actual de la cultura japonesa?

 

K.M. Internacionalmente, lo que más destaca de nuestra cultura en estos momentos es el manga y el anime, como hemos podido comprobar hace poco en el Salón del Manga. Antes, en Japón se consideraba estos géneros como una diversión para niños y frikis; no se les valoraba tanto como ahora. Hoy, sin embargo, los dibujos están más logrados, son más bonitos estéticamente; y también las temáticas que se tratan en ellos son más variadas, lo cual hace que ambos géneros estén adquiriendo un carácter más artístico y más literario, por así decirlo. Pero aparte del manga y el anime, en el ámbito internacional se están escribiendo cada vez más cosas sobre Japón. La literatura, por ejemplo, con figuras como Haruki Murakami o Banana Yoshimoto -que también han llegado a España-, está adquiriendo una buena reputación. Las artes marciales como el judo, el kendo o el kárate, también están teniendo una magnífica proyección. Y la gastronomía, donde se está dando un aumento significativo de restaurantes japoneses aquí en Barcelona. Sólo en Cataluña existen trescientos cuarenta locales de este tipo. Me parece sorprendente el hecho de que haya tanto interés y tantos amantes de nuestra cultura. Y personalmente me alegra mucho, claro.

 

A.M.Imagine que soy un español que no sabe absolutamente nada de Japón. Dígame tres cosas fundamentales que debería saber de su cultura.

K.M.Volviendo a un tema del que hablábamos antes, la gastronomía, todavía hay gente que cree que la cocina japonesa es el sushi y punto.

 

A.M. Bueno, es lo que vende. Como nosotros con la paella.

 

K.M.Pero en realidad no es así, porque tenemos muchas otras especialidades como la tempura, el sukiyaki, etc. Y si bien es cierto que es un país marítimo, y por tanto se consume mucho marisco y pescado, también es verdad que tenemos excelentes carnes como el kobe, además de verdura y legumbres. Hay una enorme variedad de ingredientes que se utilizan en nuestra cocina. De hecho, en 2013 la UNESCO nombró a la gastronomía nipona “Patrimonio Cultural Intangible” de la Humanidad, tanto por su diversidad y calidad como por su relación con el medio, con la naturaleza, y con las festividades tradicionales. Sin embargo, pienso que al español le faltan aún por descubrir más aspectos de nuestra gastronomía, y por eso nos gustaría que probaran más platos japoneses.

 

A.M. ¿Algo más?

 

Tras la comida, el segundo aspecto cultural en el que todo español debería adentrarse es el idioma japonés. Me parece que todo el mundo piensa que es muy difícil aprenderlo, y en realidad no es para tanto. Fonéticamente, el japonés se parece al español, pues tenemos las mismas cinco vocales que poseen ustedes. Y mis amigos españoles que lo están estudiando me comentan también que la gramática no es nada compleja. Por ejemplo: nosotros no tenemos los tiempos verbales tan complicados que tienen ustedes, como el pluscuamperfecto o el pretérito perfecto. En mi idioma, sólo tenemos el pasado, el presente y el futuro.

 

A.M.Lógico. ¿Para qué más?

 

K.M. Quizá la escritura sea la parte más difícil para un extranjero, pero la lengua en sí es fácil de aprender, diría yo. Así que animo a la gente a que estudie japonés.

 

A.M.¿Y por último?

 

K.M.Pues nosotros. Es decir, la gente. Nos gustaría que visitaran Japón y se hicieran amigos japoneses. Si hay tanto interés mutuo, es porque de algún modo compartimos costumbres y gustos. Nosotros tenemos fama de ser reservados y tímidos, pero quien nos visita puede comprobar que somos simpáticos. Y también abiertos, una vez adquirida cierta confianza. Igual que ustedes.

 

A.M. ¿Y qué me dice de la Literatura? ¿Qué nos recomienda a los españoles?

 

K.M. En España hay muchas obras japonesas traducidas. Personalmente, me gusta mucho Banana Yoshimoto. De hecho, ella vino el año pasado a dar una charla en el Salón del Manga, y el éxito fue total. Obviamente, Haruki Murakami también es muy recomendable. Y los clásicos, Yasunari Kawabata, Natsume Soseki… Son grandes figuras de la literatura en mi país.

 

Luis Caldeiro es periodista free-lance y dibujante. Desde hace quince años es redactor de la revista La Veu del Carrer, de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB). También ha colaborado con el diario catalán AVUI, con el Boletín de Empresas de la Cámara de Comercio de Barcelona y con las revistas digitales SumaSalut, de la Mutua L’Aliança y esadealumni.net (red de antiguos alumnos de ESADE).

 

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