Armas samurai: Yari


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La caballería es un bien preciado de los ejércitos en toda historia militar, especialmente antes de la llegada de los vehículos con motor. Sin embargo, no es invencible: un batallón con yari puede suponer un desequilibrio importante de aquella potencial superioridad de los jinetes. Pero éste es sólo uno de los muchos usos tácticos del yari, la lanza japonesa.

Ver artículo: Armamento samurai

El yari (槍) es una lanza de hoja recta verdaderamente popular en la historia militar samurái. Su longitud es variable, en función del uso que se le quiera dar en la batalla o el rango del soldado que la utilice. En la gran mayoría de contiendas se contaba con un buen número de bushi, normalmente ashigaru -soldados rasos- que se colocaban en aquellos puntos del combate que interesaba defender con intensidad, o bien para hacer frente a las cargas de jinetes enemigos.

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Se empezaron a fabricar de manera extensiva en el periodo Muromachi (siglo XIV), tomando como referencia a su antecesora el hoko (矛) una lanza cuyos materiales y formas son más básicos, y cuya principal diferencia reside en el encaje entre la hoja y la empuñadura: en el yari, la hoja se introduce dentro del hueco del bastón de la empuñadura -como en una espada-, y en el hoko al revés.

Existen un gran número de hojas para coronar un yari, pero entre todas ellas han pasado a la historia tres de ellas, conocidas como “Las tres grandes Lanzas de Japón” (天下三名槍) debido a que fueron forjadas por grandes herreros y esgrimidas por importantes señores de la guerra. Además de objetos de guerra, se consideran auténticas maravillas de la artesanía. Son las siguientes:

Tombokiri (蜻蛉切), utilizada Honda Tadakatsu, un grandioso general de Tokugawa Ieyasu. Este yari es una obra de arte por sus dimensiones y sus minúsculos grabados.

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Nippongo (日本号), cuyo dueño más conocido es Mori Tahei. Con unos impresionantes 321 centímetros de longitud, fue claramente un símbolo de estatus.

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Otegine (御手杵) con nada menos que 421 centímetros de longitud, ordenada por Yuki Harumoto. Lamentablemente se perdió en el bombardeo de Tokio durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy se puede ver su reconstrucción.

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El primer gran unificador de Japón, Oda Nobunaga, fue un inteligente estrategia que supo innovar en el campo de batalla. La ventaja que suponían las rudimentarias armas de fuego fue aprovechada por él, pero en ningún caso dejó de emplear las armas de hoja tradicionales. Se le atribuye la siguiente frase:

Las armas de guerra cambian de una época a otra. En tiempos muy antiguos, los arcos y las flechas eran la moda, y tras ellos las espadas y las lanzas se empezaron a utilizar. Recientemente las pistolas se han convertido en lo más rompedor, sin embargo, yo quiero convertir la lanza en el arma de confianza que decida la batalla.

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Referencias:

Imagen de yaris: art-of-swords.tumblr.com

The Japanese Sword – Kanzan Satō

The Connoisseur’s Book of Japanese Swords – Kōkan Nagayama

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