4 directores de anime imprescindibles

Entender la grandeza del anime puede ser difícil si uno se queda sólo en la superficie. Hay muchas obras de culto en la animación japonesa que están al nivel de la mayor de las producciones cinematográficas convencionales, sólo hay que saber encontrarlas. He aquí cuatro creativos que han llevado su disciplina a los límites de lo asombroso.

Shinichiro Watanabe

Ya le habíamos dedicado su correspondiente artículo en Aki Monogatari, porque es difícil encontrar un director tan polifacético como él. Watanabe sabe ir más allá de la obra que plasma en nuestras pantallas y dotarla de algo diferente. Recordamos Cowboy Bebop como su primer gran éxito por ser un anime de atmósfera madura sin obviar su natural ingenuidad, que se empaña progresivamente como una sala de jazz con el humo del tabaco a medianoche.

A éste siguieron Samurai Champloo, Kids on the slope, Space Dandy… a Watanabe le gusta innovar en el género que toca, y a menudo lo consigue de una manera solo relatable subjetivamente: por las sensaciones. Mezcla elementos de aquí, de allí, y el resultado siempre es capaz de sorprender.

 

Mamoru Hosoda

Parece que el trono del cine emotivo lo tiene Studio Ghibli, pero este señor tiene algo serio que decir al respecto. Si bien el estudio de Miyazaki nos acostumbra a llevar a mundos fantásticos hasta lo barroco, el trabajo de Hosoda es más discreto, incluso austero, en cuanto a alejarse de la realidad. Pero cuando lo hace y abre la puerta al más allá, lo resuelve con una astucia impecable.

Dentro de su intachable filmografía encontramos auténticas joyas como La chica que saltaba a través del tiempo, Wolf Children o El niño y la bestia, que tienen la habilidad de llamar la atención a cualquier peregrino incauto en seguida: y sabéis a lo que me refiero. ¡Niños lobo! Sí, una imagen sirve de gancho, de nudo, y de hilo conductor para orquestar una trama impecable, repleta de matices, de efectos.

 

Masaaki Yuasa

Aunque las competencias de Yuasa también abarcan el ejercicio de animador -y con extraordinario nivel-, su labor como director saltó a la palestra tras la lunática Mind Game, prácticamente inaugurando una nueva forma de hacer anime, que después seguiría perfilando con más trabajos como Tatami Galaxy.

Si alguna vez has querido conocer los efectos psicotrópicos de una droga dura, pero no quieres poner en riesgo tu salud, una opción recomendable es ver una obra de Yuasa. Gracias a la habilidad de mentes privilegiadas como la de este señor, que no obedece a reglas ni límites, el horizonte de la animación mundial se amplía cada día más. Para hacer una última mención -para estar en paz con mi espíritu- necesito citar a la grandiosa Ping Pong The Animation, del manga publicado por el genio oculto, Taiyō Matsumoto.

 

Satoshi Kon

Si hubiese que elegir un director que se salta los estándares prestablecidos, ése sería Kon. Sus obra es complicada, en ocasiones siniestra, y a menudo expira filosofía. El creador de Perfect Blue, Paprika o Paranoia Agent es, de algún modo, el David Lynch de la animación japonesa: no te entiendo del todo, pero no puedo dejar de mirarte.

Crear enigmas de manera original es complicado, y de ahí nace la virtud de Kon, quien enfoca sus trabajos con la precisión de un cirujano, mientras que el espectador contempla y, finalmente, descubre que es el paciente y ha estado anestesiado. El maestro murió con 46 años en 2010 prematuramente, debido al cáncer de páncreas.

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