El anime se convierte en artesanía: El niño y la bestia


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El niño y la bestia (Bakemono no ko) es la última gran producción de Mamoru Hosoda, una pieza clave en la animación japonesa y que ya llamó poderosamente la atención sólo con su estética. Recientemente ha llegado a nuestros cines -aunque de manera bastante escasa- y sin ninguna duda se ha colocado en el podio de lo más espectacular en anime de este año.

Bienvenido al mundo de las bestias

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Existe un mundo paralelo al de los humanos: el mundo de las bestias. Estos seres viven en armonía y están regidos por un Rey que mantiene el orden y, sobretodo, trata de velar por mantener la distancia con el mundo de los humanos. Pero un día, un niño cruza el umbral entre los dos mundos persiguiendo a una ¿persona? que caminaba de incógnito por la calle. Así se conocen los dos protagonistas: Kumatetsu la bestia y Ren, el niño.

Pronto empiezan a desarrollar una relación muy especial: Ren se convierte en el discípulo de Kumatetsu, una de las bestias más poderosas de su especie, pero de alguna manera también se comportan como padre e hijo. ‘El niño y la bestia’ profundiza en el significado de la familia, de la superación personal y trata de dibujar la soledad de dos personajes que parecen pertenecer a mundos que no les reconocen.

Una animación alucinante

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El despliegue artístico, técnico y visual de ‘El niño y la bestia’ es de altísimo nivel. Sin llegar a los niveles de detallismo (casi enfermizo) de los filmes de Makoto Shinkai, tampoco se queda corto. Tanto la definición de los personajes como las impresionantes escenas de acción te dejan con la boca abierta. En ocasiones, de hecho, casi parece que ciertas escenas están pensadas sólo para lucir animación, en particular, de cientos y miles de personajes de fondo -tanto humanos como bestias- que incluso reaccionan a lo que está ocurriendo en primer plano.

Mucha acción, argumento satisfactorio

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Los combates son el punto fuerte de la película, pero eso no significa que tenga una trama irrelevante. Como suele ser habitual en el director, su habilidad de contar historias de manera emotiva y elegante se demuestra a través de personajes con mucho carisma y con los que te encariñas muy fácilmente. Hay que reconocerle también que cae en varios tópicos -la historia central del maestro y el alumno- pero sabe distanciarse de lo superficial para mantener un estilo propio. Durante las dos horas que dura la cinta, hay varios giros de guión que, al final, enlazan un argumento muy digno.

Mamoru Hosoda en estado puro

En definitiva, ‘El niño y la bestia’ tiene papeletas para convertirse en uno de los clásicos de la animación japonesa. Poco transgresora pero muy resultona, Mamoru Hosoda plasma en su última película un mimo y una habilidad para crear mundos a través de la pluma que lo siguen situando como una figura esencial en el anime. El director de ‘Summer Wars’ o ‘Wolf Children’ se está ganando un reconocimiento mundial.

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