‘Primavera azul’: relatos de esa juventud delincuente de Taiyō Matsumoto

A menudo tenemos la certeza de saber quiénes somos, pero lo cierto es que todos hemos pasado por una crisis de identidad muy severa. La solemos llamar adolescencia, y es un periodo de nuestras vidas en el que afloran las preguntas sobre nosotros mismos. La vida parece que será una prolongación de esa etapa convulsa en la que buscamos reconocimiento, y a menudo lo encontramos en forma de criminalidad.

Primavera azul

Autor: Taiyō Matsumoto

Editorial: ECC

Año: 2017

Formato: Papel

El Japón de los 80 fue una época enrarecida. Luminosa en muchos aspectos, pero también ominosa en muchos otros. Taiyō Matsumoto utiliza esa época, la de su juventud, para hacer un relato turbulento pero cultivado por el espíritu naif de la adolescencia, la de los tipos duros del instituto que imponen la ley del más fuerte en el colegio. La temática colegial está sobreexplotada en el manga, sí, pero el ejercicio de Matsumoto es bien diferente. El tomo es una composición de varias historias cortas, entrelazadas entre sí, que retratan lo bello y lo dramático de una etapa vital complicada.


La personalidad de Taiyō Matsumoto ocupa un lugar privilegiado en el manga y la animación japonesa. Su dibujo, tan irreverente, tan inigualable, ha dado forma a obras que ya son clásicos como ‘Tekkonkinkreet’, ‘Sunny’ o ‘Ping Pong’. A Matsumoto le interesa siempre retratar a los menores, los desprotegidos, a quienes siempre eleva a un estatus superior para convertirlos en personajes fascinantes desde un punto de vista adulto. ‘Primavera azul’ sigue las mismas pautas que le definen pero reinventa el tono. Casi podríamos decir que es un manga de “yakuzas prematuros”.

Etiquetas aparte, la obra que tenemos frente a nosotros es una muestra más del camino hacia la madurez que se está consolidando en el manga y que por suerte, también está llegando a tierras españolas. La labor de ECC es puntera en este aspecto, quienes pueden presumir de traernos autores de la talla de Junji Ito, Shintaro Kago o Shun Umezawa, claros estandartes del cómic japonés junto a Matsumoto.

Lo que hace especial a ‘Primavera azul’ es su habilidad para captar el lado macarra de la adolescencia. En cada una de las historias se nos presenta un grupo de amigos diferente dentro del mismo instituto. En los descansos de clase se reúnen alrededor de las paredes pintarrajeadas de grafitis del baño del instituto o en la azotea del edificio, lugar “tradicional” de los malotes. Las ansias por ganar popularidad, por llegar a ser el mejor y el más valiente les mueven a cometer locuras; aunque otras veces, es la misma realidad la que les brinda el trampolín a sus deseos.

Las historias tratan de desviarse de los clichés del género en todo momento, como es costumbre en el autor, gracias a sus maravillosos personajes y su libertad artística, que se mueve entre lo realista y lo onírico. En ocasiones excéntricos, a menudo también ridículos, estos jóvenes son el reflejo de toda una generación de japoneses que, viendo desde lejos el milagroso progreso económico de su país, vivieron sus años hacia la madurez con desengaño. La presión social, la exigencia de labrarse un futuro insatisfactorio y las estrictas normales sociales fomentaron su desobediencia y su carácter rebelde.

En uno de los capítulos más brillantes de la obra, tres chicos encuentran un día de casualidad un revólver escondido. Totalmente emocionados por tener un arma de verdad en las manos, van a comprobar si está cargada, y encuentran tres balas en su interior. Sintiéndose como mafiosos de la mismísima yakuza, no dudan en utilizar el arma para aparentar poder, pero tras negociarlo mucho deciden aprovechar bien las tres balas que tienen. Y la mejor opción que tienen es venderlas a un chaval raro del instituto para que practique el tiro a un módico precio. Más adelante descubrirán que el arma llegó a sus manos por una razón que no esperaban…

Sin querer desvelar más detalles de ésta u otras historias, sólo vamos a decir que ‘Primavera azul’ se deshace en el paladar del lector gracias a un estilo transgresor, que a pesar de ser deliberadamente feísta -si es que no estás familiarizado ya con él- sabe atrapar y fascinar. Matsumoto siempre dirige su creatividad hacia los mismos temas pero, de alguna forma, sus viñetas siempre emanan frescura. En este caso, una frescura azul.

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