«Bushido», un libro imprescindible para entender Japón

La relevancia de este ensayo escrito en 1899 no sólo ha popularizado el concepto de “bushido”, sino que lo ha incorporado de manera retroactiva al análisis de la historia japonesa. Esta tierra misteriosa en la que nace el sol revela sus matices, sus contradicciones y su razón de ser respecto a otras civilizaciones desde la pluma de un japonés con un sentido del análisis irrepetible, llamado Inazo Nitobe.

Bushido: El alma de Japón
Autor: Inazo Nitobe
Editorial: Satori
Traducción: Gonzalo Jiménez De la Espada (1906), José Pazó
Prólogo: David Almazán
Formato: Papel
Año: 1899 (EEUU), 1906, 2017 (ES)

En tiendas: 3 de junio de 2017

Nitobe es un individuo único en su especie. No solo se puede considerar pionero en abandonar su tierra de origen y convertirse al cristianismo en la era Meiji. Es, además, un observador de categoría y un escritor brillante. Nitobe escribió ‘Bushido’ como respuesta a la pregunta que recibió de parte de un occidental, «pero si los japoneses no reciben una enseñanza religiosa, ¿cuál es su modelo moral?».


Entonces Nitobe acude a un ensayo de precisión clínica para su respuesta. Es el bushido, el alma de Japón, el que ha guiado a tantas generaciones de nipones y, hasta donde consta, sigue presente. El bushido es un concepto espinoso de traducir y complejo de explicar. A grandes rasgos, el bushido representa todo aquello implícito en el carácter modélico del pueblo japonés, agrupa un conjunto de cualidades deseables, normas de conducta y jerarquía social. Que el bushido esté tan asociado a la figura del samurái no es casualidad, pues éste es el ideal de la sociedad, es la encarnación de la virtud. El samurái -afirma con lucidez Nitobe- comparte muchas características con el caballero occidental, la naturaleza de ambos es el eje sobre el que gira el sistema de valores de su época.

 

«El samurái -afirma con lucidez Nitobe- comparte muchas características con el caballero occidental, la naturaleza de ambos es el eje sobre el que gira el sistema de valores de su época»

A pesar de que el autor nace y crece en Japón, demuestra un afilado sentido analítico para contrastar lo japonés con lo occidental. En esta comparación del samurái con el caballero centra gran parte de sus explicaciones, que se proyectan con increíble claridad sobre la razón del lector occidental. También emplea otras tantas referencias culturales extranjeras para apoyar su discurso, entre las que se encuentran la antigua civilización griega, la filosofía moderna o el mismo cristianismo. Estas comparativas, constantes durante el texto, sirven para entender la mentalidad aparentemente incomprensible que hay en los japoneses, y que de alguna manera no es tan distante a la de otros rincones del mundo. La labor ensayística de Nitobe es, también, un tratado antropológico.

‘Bushido’ es una sucesión de ideas muy maduradas y de gran calado que bucean hasta lo más profundo de la esencia japonesa. De inicio, se desgranan punto por punto todas las influencias culturales que constituyeron la esencia del samurái, como el shintoísmo, que alberga distintos ingredientes del budismo y el confucianismo. Comprender la raíz espiritual del Japón feudal nos lleva a preguntarnos ¿el bushido se enseña? En palabras de Nitobe, el bushido no es una educación como la occidental que se imparte en la escuela; es un influjo que se respira en el ambiente, se aprende en todas las facetas de la vida.

Por diversos caminos se ha infiltrado el Bushido fuera de las clases sociales que lo crearon, y obró como levadura de las masas, proporcionando un prototipo moral al pueblo entero. Los preceptos de la caballería, que empezaron por ser patrimonio de los escogidos, se convirtieron con el tiempo en aspiración e inspiración del pueblo en general, y aunque el populacho no podía alcanzar la altura moral de aquellos espíritus sublimes, sin embargo, el Yamato Damashii, el alma de Japón, llegó por último a conformar el Volksgeist del Imperio Insular.

La obra está a rebosar de observaciones de este tipo, pero no sólo se queda en generalidades, sino que se aventura a identificar los pilares básicos sobre los que se erige la moral japonesa. Nitobe enuncia, por supuesto, el honor: un bien que está por encima de la propia vida, que busca la permanencia del individuo para la eternidad. Habla, también, de otras cualidades menos evidentes, como la cortesía, fundamental en la conducta japonesa y según la cual, en la escala de prioridades primero se sitúa al prójimo, y después a uno mismo.

Es sorprendente la lectura de estos “preceptos básicos” del bushido que enuncia Nitobe porque son veraces y, más importante aún, desmienten muchos mitos y falsas creencias que se tienen incluso hoy en día, más de un siglo después. Ejemplo de ello es el apartado que trata sobre el harakiri o seppuku, suicidio mediante el corte del vientre. El occidental ve en esta ceremonia mortal y acto de barbarie, incluso como un método rápido de conseguir el honor de manera salvaje e injustificada. No es así en realidad. La sociedad desprecia el suicidio del samurái cuando no hay razones justificadas para ello: no se puede utilizar la vida como moneda de cambio fácil para obtener el reconocimiento.

«Es sorprendente la lectura de estos “preceptos básicos” del bushido que enuncia Nitobe porque son veraces y, más importante aún, desmienten muchos mitos y falsas creencias que se tienen incluso hoy en día, más de un siglo después»

La cantidad de temas que aborda Nitobe son demasiado extensos y complejos como para incluirlos en un humilde texto como éste, que sólo es capaz de acercarse al incalculable valor que ofrece como ensayo de toda una civilización y rendirle la más profunda reverencia. Sólo vamos a mencionar un tema más que, de nuevo, procura una atención especial: el papel de la mujer.

‘Bushido’ habla con meridiana claridad sobre la posición inferior de la mujer en el mundo feudal japonés, tal y como harían otros pensadores de su era. “La libertad de la mujer es proporcional al progreso de la nación”, un principio admirable -cuando se pone en práctica en los términos correctos- por el que Nitobe afirma que debe pasar el futuro de Japón, considerando así que la mujer debe de salir del rígido papel de señora del hogar y madre de sus hijos; un rol que, por cierto, señala como absolutamente respetable y necesario para la estabilidad de la familia en la época samurái. Era común -indica también- que las mujeres recibieran nociones de combate con ánimo defensivo, nada que hiciera sombra al predominante papel masculino, que dominaba el arte de la guerra.

Como otros tantos conceptos o valores asiáticos, el bushido ha sido malinterpretado sin mesura. Como señala convenientemente el epílogo de Satori, ‘Bushido’ se editó en la España franquista por el fundador de la Legión, Millán Astray, que quiso convertirlo en un tratado de exaltación por lo bélico. Nada más lejos de la realidad, pues ‘Bushido’ toma una distancia considerable de las implicaciones belicistas, habida cuenta de que el autor mismo se consideraba pacifista, ya es capaz de explicar el carácter del samurái sin recurrir las más de las veces a su relación con la espada.


Estamos ante un ensayo brillante, bien estruturado, con una prosa elegantísima y , por si eso fuera poco en su mejor edición jamás editada en castellano, con una encuadernación en tapa dura, traducción refinada de la original de Jiménez de la Espada y cuyas aportaciones complementarias aportan lo que el lector necesita sobre tan importante obra. ‘Bushido’ es un ensayo que hay que leer, y hay que hacerlo con la atención y meticulosidad de un samurái.

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