El suicidio ritual femenino o jigai

Conocemos el suicidio ritual, seppuku o harakiri como una ceremonia establecida para limpiar el nombre o evitar el deshonor, entre otras cosas, que se efectuó con cierta regularidad durante buena parte de la etapa samurái (1185-1868). Ahora bien, el seppuku era un acto reservado exclusivamente a los hombres, cuando las mujeres también podían verse en la tesitura de acabar con su vida de manera inmediata por cuestiones similares.

A menudo se determina este tipo de “suicidio femenino” como jigai o jigaki (自害) cuyo significado simplemente es “suicidio”, con una connotación femenina. En general, resulta complicado equiparar el jigai como suicidio ritual equivalente al seppuku, pues éste último realmente era una institución aceptada por la casta samurái. Asimismo, hay pocos registros de mujeres relevantes que hayan practicado un suicidio en un aspecto ritual equivalentes a los seppuku.

Se asocia el suicidio femenino a la incisión en el cuello, concretamente sobre la arteria carótida, el vaso sanguíneo más importante que proporciona riego sanguíneo a la cabeza. Este corte no requiere una gran resistencia al dolor como su equivalente masculino y causa la muerte con mucha mayor rapidez, ya que ellas no contaban con un asistente que finalizara con su vida al momento de la ejecución, una de las razones por las que no puede considerarse como un rito.

No era extraño que las mujeres atrapadas en un asedio que iban a ser alcanzadas por el enemigo llevaran a cabo el suicidio para evitar caer prisioneras o arriesgarse a perder la honra. Del mismo modo, una mujer podría ser forzada a acabar con su vida si había cometido alguna ofensa imperdonable.

Existe un caso muy conocido de suicidio femenino bajo el mandato de seguir a su señor a la muerte. Se trata de la esposa de Onodera Junai Hidetomo, uno de los emblemáticos 47 ronin. En un grabado que nos ha llegado a nuestros días se le ve con un tantō (espada corta habitualmente empleada también para el seppuku) entre las manos, así como con las piernas juntas y atadas con una cinta. La cinta sujetando las piernas asegura que la posición del cuerpo sin vida se mantenga erecta, evitando así lo que se podría considerar una postura indigna.

Fuentes:

Suicide as a Dramatic Performance. LESTER David, STACK Steven.

An historical study of hara-kiri. KAKUBAYASHI F.

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