​5 trucos para escribir haiku

Componer poesía es difícil, aunque parezca lo contrario, especialmente si lo que queremos es utilizar la forma japonesa conocida como haiku para expresarnos. Claro que de alguna manera hay que empezar si somos novatos en esto de componer, y una buena manera es atendiendo a estos cinco sencillos trucos.

Piensa en una estación

El sentido estacional es tan característico en el haiku que está presente en una inmensa cantidad de composiciones. Los poetas cantan a la primavera por la refrescante belleza que trae a los pueblos, del mismo modo que se maravillan con una estampa otoñal y la caída de las hojas. Una buena manera de empezar un haiku es visualizar algo exclusivo de una estación para reflejarlo con palabras elegantes.

Recita lo cotidiano

Parte de la esencia del haiku consiste en la falta de acción. En lugar de recitar un suceso trascendental, es la contemplación de lo liviano lo que captura la atención del lector. Centra tus palabras en ese suceso cotidiano, expresado con gracia, como puede ser el canto de un pájaro o la lluvia que empana tu ventana por la mañana. Son las pequeñas cosas las que cautivan al poeta del haiku.

Elige un animal o planta

La naturaleza es el epicentro de toda belleza y devoción en la cultura japonesa. Por eso nunca es mala idea centrar la contemplación en un árbol del bosque o un pez del río. Cada uno de ellos tiene algo único, ya sea un color, un comportamiento o un sonido que merece la pena retratar en tres versos.

No lo hagas personal

En tres versos hay pocos motivos para dirigir la poesía hacia el poeta. Y, aunque los haya, no es el estilo que ha hecho grande esta forma de composición, porque su objetivo es ser algo pictórico, descriptivo de lo que el poeta ve. Relatar también lo que el poeta siente sería excesivo e incluso egocéntrico. Para eso son más eficaces otras fórmulas poéticas.

Sé conciso

Va implícito en la definición de haiku, sí, pero es conveniente insistir. No te compliques tratando de explicar cosas demasiado complejas, y si lo crees necesario, puedes recurrir a la ambigüedad. Si te falta un último verso, por ejemplo, y no sabes qué hacer, puedes aludir a una enunciación genérica: “día de primavera”, “tarde de abril” o “hierba perlada” son simples maneras de describir que es un día lluvioso sin especificarlo directamente.

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