Fuyuki Enokido y la historia del koto

El pasado 25 de noviembre asistí al recital de koto de la maestra Fuyuki Enokido en el auditorio Casa del Lector ubicado en el Matadero de Madrid. El evento, organizado por la Fundación Japón, formaba parte de los actos conmemorativos por los 150 años de relaciones diplomáticas entre España y el país nipón y contó a su vez con la presencia del también maestro Horacio Curti que acompañó a la artista japonesa con el shakuhachi en algunas de las piezas (además de interpretar una de ellas en solitario).

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Enokido después del concierto. Fotografía del autor.

El concierto estuvo compuesto en su mayor parte por piezas de Michio Miyagi (1894-1956), uno de los intérpretes de koto más destacados de la historia reciente. En el repertorio se encontraban sus obras “Mar en Primavera” (Haru no umi) y “Río Isuzu” / “Tambores en el Festival” (Isuzugawa / Matsuri no taiko), así como “Transformación del Agua” (Mizu no hentai), la primera composición del japonés, escrita en 1908. De hecho, Enokido estudió desde muy joven bajo la tutela de Miko Kobashi, hermano del propio Miyagi. Proveniente del barrio de Shinjuku, la intérprete se graduó en Musicología por la Universidad Nacional de Música y Bellas Artes de Tokio y, tras viajar durante años como concertista alrededor del mundo, en 2012 fue nombrada Embajadora Cultural por la Agencia Cultural de Japón.

El repertorio también contenía temas de Kengyō Yatsuhashi (“Melodías de Seis Columnas” / Rokudan no shirabe), Rando Fukuda (“Sueño de Asango del Japón” / Tsukikusa no yume) y la canción tradicional japonesa “Cerezo, Cerezo” (Sakura, Sakura), además de una preciosa composición de la propia Enokido titulada “Pino y flor” (Matsu to hana).

Brevísima historia del koto

A pesar de que el instrumento fue introducido desde China durante el s. IX, la primera escuela de koto o “arpa japonesa” de la que se conserva documentación aparece a finales del s. XVI en la isla de Kyushu bajo el nombre de Tsukushi-goto. En su libro ‘The Kumiuta and Danmono Traditions of Japanese Koto Music’ Willem Adriaansz indica que la música de la isla fue conservada gracias al monje Kenjun (1547-1636) el cual recopiló varias piezas de koto junto a sus propias composiciones. Dicho repertorio que pasaría a ser conocido como Tsukushi-goto pertenecía exclusivamente a los ambientes religiosos y aristocráticos, resultando casi inaccesible para el resto de la población.

Mujer tocando el koto. Settei Hasegawa (1878)

Sin embargo, en 1614 nace en Iwaki, en la prefectura de Fukushima, Kengyō Yatsuhashi (1614-1685). Según Tim Young en su artículo sobre él para Big in Japan, Yatshuhashi, de nombre original Jouhide, era un músico ciego que tocaba el shamisen cuando conoció a Hosui, un estudiante de Tsukushi-goto proveniente de la corte de Kioto. Hosui le enseñó varias piezas del repertorio a Jouhide a pesar de tener prohibido instruir a personas ciegas en el instrumento. Tras estudiar el koto durante años y cambiar su nombre a Kengyō Yatsuhashi, Jouhide creó en 1636 su propia escuela en Kioto, acercando el instrumento a las clases populares y ofreciendo una alternativa a la corriente establecida por la Tsukushi-goto.

Young indica que Yathuhashi fue de hecho el principal artífice de que el koto adquiriera su espacio como instrumento solista, alejándolo de su función como acompañante en el gagaku (música para la aristocracia) y en subgéneros vocales del mismo como el saibara o el imayô (tal y como decía Adriaansz en su libro), lo que propició la aparición durante el s. XVII de las dos escuelas de koto más importantes en la actualidad y conocidas como Ikuta y Yamada.

Sobre el instrumento

El koto dispone de puentes móviles que pueden desplazarse para ajustar la afinación de sus trece cuerdas (también existen variantes de diecisiete y de más de veinte). La mano derecha utiliza los dedos pulgar, índice y corazón para pulsar dichas cuerdas ayudados por púas o tsume mientras que la izquierda la acompaña como en un arpa convencional. Sin embargo, cuando la izquierda se encuentra al otro lado de dichos puentes, ésta controla las variaciones de tono y la expresividad de las notas, permitiéndole al intérprete ejecutar técnicas como vibratos y glissandi.

El koto utilizado por Enokido en el evento. Fotografía del autor.

En cuanto a su afinación, según la Enciclopedia Británica el sistema tonal tradicional del Edo estaría sintetizado en las escalas yo e in. La primera posee los intervalos de la escala menor natural mientras que la segunda es igual pero con una segunda menor lo que indica que sus sonoridades se corresponden con los modos eólico (T 2 b3 4 5 b6 b7) y frigio (T b2 b3 4 5 b6 b7) respectivamente.

No obstante, la afinación más común en los estilos modernos es la conocida como hira-joshi, una escala pentatónica menor de intervalos T 2 b3 5 y b6 ya empleada en la citada obra de Yatsuhashi “Melodías de Seis Columnas” que Enokido interpretó durante el concierto. Dicha pieza es de hecho una buena introducción a la música de koto (o sōkyoku) no solo por su importancia histórica sino también gracias a la multitud de recursos expresivos propios del estilo que contiene.

Nota

Decir que la mayor parte de la información presente en este artículo proviene de las fuentes citadas más abajo. En ellas se pueden encontrar todos los datos y conceptos que aparecen arriba (además de muchos más) desarrollados de forma más extensa y rigurosa.

Fuyuki Enokido junto a su koto. Fotografía del autor.

Tras el concierto la maestra Enokido fue tan amable de hablar un rato con los asistentes y posar para las fotografías que acompañan al texto. El folleto del evento decía que la intérprete había dedicado sus esfuerzos “a compartir y difundir las cualidades del koto por el mundo” y creo que su actuación fue una perfecta muestra de ello.

Fuentes

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