Ser influencer no es tan fácil en Neo Yokio

La propuesta de Netflix va madurando con los años. Se acotan mejor los públicos objetivo, y en lugar de producir series potencialmente atractivas para la masa, ofrecer contenido para pequeños nichos de mercado parece resultar mucho más efectivo. Bojack Horseman, Stranger Things, Castlevania, Black Mirror… están lejos de ser una Breaking Bad al uso, pero eso no significa que no triunfen en su pequeña parcela.

La última y extraña apuesta por la animación adulta se llama Neo Yokio, y aunque solo tenga seis capítulos y sus medios sean bastante limitados (la calidad de la animación es muy mejorable y el doblaje ha visto días mejores), no podemos negar el magnetismo que desprende. La serie está producida por doble mano, japonesa y norteamericana: su estética es anime, buena parte de sus ingredientes también lo son, pero la dirección y guión obedecen a un estándar claramente occidental.

Neo Yokio —que parece ser una fusión entre New York y Tokio— es la ciudad del capitalismo, la moda y el lujo. Y el postureo, claro, aunque eso va de la mano con el resto. En el epicentro de nuestra historia tenemos a Kaz Kaan, un tipo de pelo rosa que procede de una estirpe de cazademonios, aunque en su día a día se ocupa más bien de ser un adalid del buen gusto y estar en lo más alto del ránking de influencers. Un ranking que resulta una extraña mezcla entre la escala de popularidad de una universidad japonesa y una lista de celebrities americana.

Alrededor de Kaz hay una tempestad continua de frivolidades, fantasía y tecnología. Tecnología la de su robot, Charles, un autómata con acento british que actúa de mayordomo y le lleva volando a cualquier parte de la ciudad, en la que siempre pasan cosas: una prestigiosa diseñadora de ropa decide convertirse en hikikomori, un demonio se apodera de un museo de arte antiguo, o se celebra un gran premio de Fórmula 1 en el que hay altas probabilidades de morir al volante.

No, desde luego no es fácil explicar esta serie mediante la descripción de sus partes, pero al menos lo hemos intentado. Neo Yokio nunca se toma a sí misma demasiado en serio, pero existe una medida coherencia en su mundo absurdo. Con apenas hora y media de duración adquiere una personalidad irresistible, plagada de memes (el Toblerone gigante ya ha reventado Internet), y con personajes que destilan carisma. Podríamos asegurar que estamos ante un producto cuidadosamente medido entre lo mejor la animación japonesa y norteamericana, con píldoras de humor de ambas, y sin barrera de contención. Bravo por las nuevas propuestas que arriesgan, Netflix.

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