Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón

A veces no hace falta una innovación en el método para crear un nuevo arte cinematográfico. En ocasiones, las mismas herramientas pueden crear un universo tan innovador, y a la vez tan primitivo, que cambie para siempre la percepción humana. Con la llegada del cine japonés se empezó a interpretar el lenguaje audiovisual de otra manera, abriendo la puerta a un nuevo mundo de sensibilidad.

[en portada: Dolls (2002)]

Bajo los cerezos en flor

Autora: Carolina Plou

Editorial: Editorial UOC

Colección: Filmografías esenciales

Año: 2017

Formato: Papel


Zatoichi (2003)

No siempre es fácil entender lo que nos resulta innovador, y corremos el riesgo de reducirlo a exótico e incluso anecdótico. Este fenómeno ha sido particularmente incisivo en lo oriental y japonés. Por suerte, tenemos a nuestra disposición unos cuantos medios que nos facilitan la tarea, nos aportan contextualización y nos dan las claves necesarias para salirnos un poco más de la burbuja cultural que nos ha tocado para ir más allá. El ensayo firmado por Carolina Plou es un interesante ejercicio en esta dirección.

Lejos de toda regla previsible, Plou nos ofrece una selección muy particular de 50 cintas relacionadas con Japón —que no japonesas— mediante las cuales disecciona de manera inductiva lo que ha aportado el país del sol naciente al séptimo arte. En su criterio caben grandes clásicos —no faltan los 47 ronin o la Zatoichi de Kitano—, pequeños filmes poco conocidos —La bestia y la espada mágica es todo un hallazgo—, así como obras polémicas de toda época —la versión de Harakiri de Miike— y algunas producciones recientes—léase El cuento de la princesa Kaguya—. Cada ejemplar de la lista es explorado con un análisis ameno y meridiano.

La bestia y la espada mágica (1983)

El libro no pretende sentar cátedra, ni enunciar las 50 mejores películas ambientadas en Japón, ni ninguna pretenciosidad equivalente. Desde una óptica de respeto y humildad, aporta una visión completa sobre lo que ha dado de sí el japonismo del cine, así como la producción propiamente japonesa. Porque, de una parte encontramos películas japonesas que han bebido de Occidente como el kaiju eiga con Godzilla a la cabeza; de otra parte, no podemos dejar de celebrar producciones a gran escala extranjeras como El último samurái, cuyo público será más o menos selecto, pero hace un trabajo necesario de difusión cultural.

La autora nos brinda una lectura con la que relajarse y nos invita a ver cine, pero no solo para descubrir el que no conocemos sino también para volver a visitar el que ya hemos visto. Gracias a su largo recorrido académico en Historia del Arte, sus múltiples trabajos sobre el arte japonés y su importante presencia en la revista Ecos de Asia, un referente hispano de divulgación asiática, Bajo los cerezos en flor es en definitiva el resultado de una vocación.

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