La hierba del estío: un haiku hecho cómic

 

En el siglo XVI unos campesinos encuentran a un importante samurái malherido cerca de sus dominios. Tras mucha indecisión, deciden llevarlo a la aldea para curarlo, y con ello consiguen despertar la ira de otro señor, que reta a un duelo al samurái y amenaza las cosechas de la aldea. El samurái se prepara para el duelo pero, mientras tanto, observa la vida en la remota aldea…


La hierba del estío

Autores: Raquel Lagartos, Julio César Iglesias

Editorial: Diábolo Ediciones

Año: 2018

Formato: Papel


El cómic propuesto por Diábolo va más allá de ser solo una historia ambientada en el Japón feudal, pues se construye como toda una metáfora poética de una época. El protagonista, un personaje cuyo estatus ha sido destruido, encuentra en la vida más humilde y mundana nuevas razones para vivir bajo el sol clemente de la aldea campesina. ¿Qué es el honor cuando nadie lo valora? ¿Para qué sirve dedicar la vida a la espada? ¿Acaso tiene la vida en sí algún valor más allá del que nos inculcan?

Un samurái no solo infunde respeto, también miedo. El estrato más alto de la pirámide social es una figura compleja, llena de contradicciones, y sobre todo, altamente encorsetada en un mundo lleno de matices. Asociarse con un samurái de cualquier manera puede suponer una bendición como blindaje frente a otros clanes, pero también puede significar un castigo severo de parte de un señor de más categoría. Los campesinos, inmensa mayoría de la población en la etapa feudal japonesa, vivían en un mundo diferente al de sus señores y su escala de valores apenas podía pretender asemejarse a la de aquellos.

El trabajo artístico realizado por Raquel Lagartos y Julio César Iglesias pone de relieve un meticuloso conocimiento y amor por la cultura japonesa, con algunas viñetas que en ocasiones recuerdan a grabados ukiyoe míticos, que capturan el trabajo en la época de cosecha de arroz o los festivales típicos en honor a la naturaleza. El cómic, como el carácter japonés, es contemplativo, armónico y humilde, y conforme se acerca al emocionante final, nos deja estampas verdaderamente preciosas.

Existen muchos intentos occidentales de acercarse a retratar la realidad del misterioso país del sol naciente en su época de máximo esplendor medieval, pero pocos de ellos apenas esbozan su espíritu. En este caso, el planteamiento es eficaz desde el minuto uno. De colores pastel, La hierba del estío es como un haiku: efímero y bello. Estamos deseando poder disfrutar de más obras de esta naturaleza: bien contempladas, que absorben el ambiente histórico con habilidad y no tienen nada que envidiar a sus homónimos japoneses.

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