La chica de Kyushu, Seicho Matsumoto. En busca de la verdad corrompida

Una mujer ha sido asesinada a golpes con una vara de roble en su propia casa y el único sospechoso niega rotundamente haber cometido el crimen, pese a que todas las pruebas están en su contra. ¿Un caso más de detectives? No. Es un enigma detrás del cual se esconden las miserias de la justicia.

La chica de Kyushu

Autor: Seicho Matsumoto

Traducción: Marina Bornas

Editorial: Libros del Asteroide

Formatos: Papel, Electrónico

Año: 2017

No es casual que la chica que da nombre a la novela sea de Kyushu. Esta isla, situada en la parte sudoeste de la isla principal Honshu, es un símbolo del Japón periférico campestre y alejado de la disciplina y el aparato burocrático. Ella se llama Kiriko Yanagida y su hermano ha sido acusado de asesinato, pero está convencida de su inocencia. Como todas las pruebas juegan en su contra, sólo le queda una alternativa: solicitar los servicios de Kinzo Otsuka, el mejor abogado de Japón.


El buen noir es el que sabe capturar al lector en su universo desde el capítulo uno. ‘La chica de Kyushu’ sabe hacerlo desde el instante en el que conocemos a sus dos protagonistas, Kiriko y Otsuka. Son dos polos opuestos, la cara humilde y pobre de Japón frente a la cara poderosa y enriquecida, y su relación evolucionará de manera dramática junto al desarrollo de los acontecimientos en torno al asesinato.

No es una novela centrada en lo detectivesco, pero sí que sabe manejar los elementos del suspense para construir una buena historia. Tras una primera mitad de la novela centrada en la investigación del asesinato, de ritmo más lento, hay un punto de inflexión que nos transporta al mundo nocturno de Tokio a mediados del siglo XX. Aquí Matsumoto cambia de registro e inicia un retrato sobre la sociedad que le rodea.

«La escala de grises que encontramos en ‘La chica de Kyushu’ la convierte en una novela contundente y madura»

Ambas mitades de la historia confluyen en un final inesperado, no solo por la resolución de los misterios que se presentan en el asesinato sino también por la evolución de sus personajes. Desarrollar personajes tridimensionales ya desmarca a ‘La chica de Kyushu’ de la media en la novela de género negro, donde existe tendencia a los estereotipos -como cualquier lector habituado sabrá.

Matsumoto no pierde la oportunidad de hacer crítica al sistema judicial. Lo hace con un tono cínico, casi desesperanzador, de alguien que ya ha perdido la fe en los valores que por otra parte, con tanto ímpetu se intentan proclamar. La escala de grises que encontramos en ‘La chica de Kyushu’ la convierte en una novela contundente y madura. La popularidad que obtuvo en su país de origen es merecida, en este caso sí, con todas las de la ley.

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