Kamui, el último samurái

El Salón del Manga de Barcelona cierra su última edición con un insólito y brillante espectáculo que aúna danza y katanas, organizado por la Fundación Japón.

Por Luis Caldeiro

Era el 4 de noviembre y, por tanto, el último día del archiconocido Salón del Manga de Barcelona. El inestable otoño de la ciudad condal alternaba momentos de sol con nubes amenazadoras, pero ello no descorazonaba a la multitud que, mucho antes de las 16:30 de la tarde (hora prevista para el inicio del espectáculo), se congregaba ante el Gran Escenario del Salón del Manga, situado en la Plaça de l’Univers (“Plaza del Universo”) del recinto ferial de Montjuic.

Sentados a los pies de un escenario forrado de negro, los mangakas esperaban el comienzo del evento, luciendo los vistosos disfraces que les han hecho populares y que recuerdan a sus héroes de ficción. El ambiente era tranquilo, distendido, festivo. Y de repente, tras las presentaciones de rigor, un estallido de música y danza frenética rompió la serenidad de la plaza, adueñándose del recinto.

 

Cinco historias para un espectáculo

A la izquierda del escenario se situó la cantante Mika Kobayashi, poniendo voz y música al espectáculo. Y el resto del espacio fue  ocupado inmediatamente por el cuerpo de baile conocido por The Samurai Sword Artists Kamui, liderado por Tetsuro Shimaguchi, que comenzó a ejecutar el montaje Samurai Spirit, una historia protagonizada por estos legendarios guerreros nipones, representados esta vez por ágiles bailarines que utilizan la clásica espada samurai -la katana– no como arma sino como parte integrante y fundamental de un espectáculo de danza.  

Transcurría el tiempo, y Samurai Spirit se desarrollaba sobre el escenario, dividido en cinco historias: en la primera, el Maestro (Tetsuro Shimaguchi) lucha encarnizadamente contra un grupo de guerreros; en la segunda, el grupo maltrata a una pareja de amantes y un personaje de talante pacífico, al ver tales abusos, se rebela y acaba liberando a la chica. En el tercer episodio, el Maestro enseña a una niña el uso de la katana, utilizando una espada de madera. En el cuarto, la niña ya es una mujer y lucha contra su Maestro, pero esta vez con una espada real; éste hiere a su discípula, pero finalmente es herido mortalmente por ella, y tras confiarle su arma en señal de que ya no tiene más que enseñarle, se derrumba moribundo sobre el escenario. Y finalmente, la última historia narra como Maestro y Alumna ya son iguales, y en vez de lucha, se desarrolla una especie danza de espadas, sin enfrentamiento. Las katanas se agitan en una danza que combina magistralmente artes marciales y música a ritmo de discoteca; y el espectáculo acaba con la cantante Mika Kobayashi uniéndose al cuerpo de bailarines en un apoteosis final. Tras la actuación, una persona del público fue invitada a subir al escenario para ensayar los movimientos del samurai y el manejo de la katana

Dos artistas de referencia

Mika Kobayashi (www.miccabose.com), nacida en Hiroshima, es una respetada cantautora que no sólo se ha hecho famosa en Japón, Europa y otros países por sus giras donde canta y ejecuta solos de piano, sino que también ha puesto voz a múltiples bandas sonoras del mundo del Anime, como Attack on Titan, Gundam UC, Guilty Crown, Aldnoah.Zero, etc. Su figura menuda y delicada, que podría pasar por un verdadero icono de feminidad japonesa, contrasta con una voz potente y poderosa que -curiosamente- no por ello es menos melodiosa. En Samurai Spirit, su música fue el hilo conductor que hilvanó las cinco historias del espectáculo.

Mika Kobayashi.

 

Por su parte, Tetsuro Shimaguchi es un artista de 48 años nacido en la prefectura de Saitama, que se graduó en la Facultad de Arte de la Universidad de Nihon. Tras varios años de trabajo teatral, que incluyeron el clásico teatro japonés conocido como kabuki, fundó el grupo “Kengishu KAMUI” en 1998 (www.samurai-kamui.com), el cual, como ya hemos visto, busca la belleza mediante la conjunción de danza y artes marciales. Pero quizá su éxito más conocido haya sido su colaboración con el director Quentin Tarantino, para quien creó la coreografía de la famosa escena de lucha con espadas de los “88 maníacos”, en su película Kill Bill, volumen I. Pero no ha sido el único hito en su carrera: ha actuado en el Kennedy Center (Estados Unidos, 2005), en el Teatro della Pergola y Palazzo Vecchio (Italia, 2010), Museo del Hermitage (Rusia, 2015) y el Armani Hotel de Dubai (2016).

En 2012 tuvo la original idea de fundar su dojo samurai llamado “Kengido”, que ha establecido no sólo en Japón, sino en muchos otros países como Estados Unidos, Italia, Polonia y Lituania. También ha sido el primer japonés en recibir el Premio Consonancia 2018, de Florencia.

Tetsuro Shimaguchi, en un momento de la actuación.

El post-show

Tras la actuación, tanto Tetsuro Shimaguchi como Mika Kobayashi atendieron a las preguntas de los periodistas y los fans, en una sala habilitada para ello. A la doble pregunta formulada por Aki Monogatari de cómo se les ocurrió reunir en un mismo espectáculo música moderna y arte tradicional del manejo de la katana, aparte de qué metas se proponían de cara al futuro siguiendo esta línea, Shimaguchi comenzó diciendo que “empezamos a actuar juntos hace quince años, en contenidos de televisión a la carta, plataformas que existen en Japón de videos originales”.

De su partenaire, Mika Kobayashi, afirmó que “es una artista que realmente tiene dos caras, ya que por una parte es conocida como cantante de series de anime, siendo una figura respetada en este mundillo, y aparte interpreta sus propios temas. Es decir, tiene un doble perfil, ya que posee su propio estilo, su propio mundo, y además es famosa como cantante de anime”. “Por mi parte” –prosiguió- “yo me considero un artista original, en el sentido de que un cantante puede cantar sus propias canciones o las de una serie de anime, y ser conocido por ello; pero en Japón, en cambio, puede haber actores que sean famosos por interpretar papeles de samurai, pero no dejan de ser actores que hacen un papel; yo, por el contrario, tengo la conciencia de ser un artista samurai. El contenido, por tanto, es completamente original”. Y recordó que “cuando nos propusieron hacer esta colaboración para contenidos por Internet, estuve encantado de poder combinar mi originalidad con la de las canciones propias de Mika Kobayashi. Y así es cómo hemos estado actuando desde el principio; hace ya diecinueve años que empezamos a hacer giras por Europa”.

Shimaguchi y Kobayashi atienden las preguntas de sus fans y de la prensa.

Preguntados por si querrían volver a Barcelona y de si les gustaría hacerlo para, aparte del espectáculo, realizar un taller como el que pudo contemplarse al final de  Samurai Spirit, donde el público pudiera practicar con la katana y probar este estilo, Mika Kobayashi aseguró que se sentían “encantados de estar en Barcelona” y que les gustaría mucho “repetir la experiencia, ya que les ha encantado el ambiente de la ciudad”. Y afirmó que el hecho de venir en Barcelona había sido porque el día anterior habían actuado en Madrid. “Llegamos hace tres días a España, actuamos en Madrid y esta mañana (la del 4 de noviembre), llegamos de prisa y corriendo a Barcelona”, recordó. Y confesó que la próxima vez les gustaría que fuera “planeada”. “No quiero decir con esto que en esta ocasión no se haya planeado” –aclaró- “sino que la actuación de Barcelona se añadió a última hora en la agenda, aprovechando que el día anterior estábamos en Madrid”. “La próxima vez” –subrayó- “nos gustaría que si viniésemos a Barcelona fuera porque realmente es eso lo que se ha planeado, y no un añadido”. Y remató diciendo que lo que se pudo contemplar en el Salón del Manga fue sólo “una pequeña parte” de lo que pueden y desearían hacer como espectáculo. “No hemos estado en un teatro, sólo en un escenario genérico” –recalcó- “y por tanto, sólo hemos podido ofrecer una pequeña muestra de nuestro arte”.

En cuanto a la posibilidad de realizar talleres, Tetsuro Shimaguchi hizo referencia a los kengidos, es decir, a los dojos o centros de entrenamiento de esta disciplina fundados por él. “De hecho, antes de venir aquí pasamos por Florencia, donde tenemos un kengido que fundamos hace nueve años”. Relató que tienen otros por toda la geografía europea: Praga, Vilnius (Lituania), Varsovia… “Son lugares” -afirmó- “que, más que talleres, son centros culturales donde la gente cultiva este arte y aprende a convertirse en auténticos samuráis. Y funcionan con gran éxito”.  Recordó que el día de su actuación en Madrid ya habían hecho un taller y se preguntó si, puesto que había varios kengidos repartidos por Europa, por qué no “abrir uno en Barcelona”.

Y así, tras las preguntas de periodistas y fans finalizó un acto que, sin duda, constituyó un broche de oro al XXIV Salón del Manga, organizado por la Fundación Japón.

 

Un momento de la actuación.

Apoteosis final.  

Un momento del taller.


Luis Caldeiro es periodista y dibujante. Desde hace quince años es redactor de la revista La Veu del Carrer, de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB). También ha colaborado con el diario catalán AVUI, con el Boletín de Empresas de la Cámara de Comercio de Barcelona y con las revistas digitales SumaSalut, de la Mutua L’Aliança y Esadealumni.net (red de antiguos alumnos de ESADE). Actualmente escribe en el digitalElCatalan.es y en el semanario El Triangle.

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