Irezumi y el arte del tatuaje japonés


Los tatuajes en occidente son bastante populares, cada vez más entre los jóvenes, y con especial protagonismo aquellos de temática oriental. Sin embargo, aún hoy día encontramos carteles de aviso en algunos establecimientos (como baños públicos o gimnasios) japoneses que prohíben la entrada a personas tatuadas. ¿A qué se debe este rechazo?

En realidad, la cultura del tatuaje en Japón se remonta hace 5000 años, período en el cual encontramos una serie de figuras antropomórficas con símbolos grabados sobre la cara y el cuerpo, se cree que como muestra de rango social o de protección contra espíritus y bestias. En el período Yayoi (300 a.c. – 300 d.c.) también se registraron primitivos tatuajes con connotaciones espirituales y de estatus social. Hasta aquí, los tatuajes no parecen tener un peso esencialmente negativo, y es que no fue hasta el 720 d.c. cuando por primera vez un tatuaje es usado como castigo para un criminal en Japón. Éste fue ordenado por el emperador, como castigo sustituto a la pena de muerte por rebelión. Aunque los tatuajes empezaron a adquirir un papel negativo en la sociedad, los habitantes de algunas regiones como Ainu y Okinawa, se tatuaban caras, manos y pies por gusto.

Durante el período Edo (1600 – 1868 d.c) el sistema de tatuar a criminales evolucionó, y el tipo de tatuaje indicaba el crimen que la persona había cometido (este tipo de castigo estaba reservado para criminales violentos) de forma que su marca en la sociedad sería permanente. Por supuesto, las consecuencias de estas marcas eran de rechazo social. Las familias evitaban tener cerca a gente tatuada, y también eran expulsados de festividades y actividades recreativas. Estos tatuajes eran denominados Bokkei.

Bokkei para diferentes tipos de crímenes

Al final del siglo XVII los tatuajes en Japón adquirieron una nueva perspectiva más positiva gracias a las ilustraciones ukiyo-e y algunas novelas populares. En estas ilustraciones a veces aparecían grandes guerreros e impresionantes escenas en los cuales sus protagonistas lucían con orgullo grandes tatuajes por todo su cuerpo. Los tatuajes por aquel entonces estaban prohibidos (salvo para los criminales) y sin embargo había determinados grupos que llevaban su cuerpo entintado, como los obreros, bomberos y gánsters. También en esta época comenzaron a ser un símbolo para los incipientes Yakuza, que eligieron los tatuajes como marca primero por el dolor, segundo por la lealtad que suponía una marca permanente, y por supuesto por su papel de reconocimiento fuera de la ley.

 

La técnica de tatuaje era denominada Irezumi (literalmente ‘insertar tinta’), esta técnica estaba directamente relacionada con la mafia y el crimen, y se pronunciaba con respeto y solemnidad. Tras la popularidad de determinados diseños gracias a las ilustraciones y novelas, apareció una nueva palabra para denominar los tatuajes con una connotación ligeramente más positiva y artística, Horimono. Aunque los tatuajes estuvieran prohibidos hasta 1945, eran un símbolo de estatus acomodado, lo que mantuvo vivo este arte durante la prohibición. Hasta esa época no era extraño encontrarse a personas completamente tatuadas, que escondían su tinta bajo la ropa.

Cuando la prohibición terminó, se convirtió en una práctica incluso más habitual y llamativa entre los Yakuza, lo que mantuvo el terror y el rechazo popular durante mucho tiempo, y aún hoy se mira con recelo. Los más jóvenes comienzan a romper esos tabúes sociales, pero incluso las últimas generaciones mantienen, en general, cierta discreción con respecto a los tatuajes.

Aunque en la actualidad existe una técnica de tatuaje basada en la utilización de una máquina que acciona la aguja (Yobori o Kikaibori, en japonés), en Japón siguen existiendo maestros que realizan la técnica de tatuaje clásico, llamada Tebori. Esta técnica consiste en insertar la tinta mediante el uso de una aguja (en la actualidad, única para cada cliente) colocada en el extremo de una vara de bambú, punto por punto, mientras que con la mano libre se extiende la piel a tatuar. Esta técnica es conocida por su doloroso proceso, pero popular entre algunos japoneses y extranjeros.

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