Gato sin dueño, haiku que toca la fibra


¿Existe una poesía más breve, y al mismo tiempo más pictórica que el haiku? Son numerosas las corrientes que han fomentado esta composición de origen japonés, bautizada por Matsuo Bashō. Sería un discípulo del gran maestro, Takarai Kikaku, quien instruiría a Tan Taigi, autor de la recién publicada ‘Gato sin dueño’ por Satori.

Gato sin dueño
Autor: Tan Taigi
Traducción: Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala
Editorial: Satori
Año: 2017

A efectos clasificatorios, se empareja a Tan Taigi con Bashō, pero especialmente con Kobayashi Issa, quien estableció un punto de inflexión en la forma de entender el haiku. Más allá de esta clasificación, como es evidente, cada autor tiene un toque personal que debemos valorar. El estilo de los 70 haikus de ‘Gato sin nombre’ muestra una amplia gama de imágenes y sensaciones, en las que el factor humano suele tener protagonismo, pero también con inclinación hacia la naturaleza. Issa y Bashō se ven así reflejados, respectivamente, en sus poemas.

Gato sin dueño
se durmió en un tejado:
lluvia vernal

Uno puede entender en la simplicidad del haiku compuesto por Tan Taigi un profundo desencanto por la vida, un efecto poco habitual en este tipo de poesía. Muchas corrientes consideraban vulgar “humanizar” el haiku, esto es, ir más allá de la naturaleza y su status quo, superior. En cambio, podemos encontrar gran lirismo de esta manera, y prueba de ello son algunos haikus de esta colección.

Luciérnaga en vuelo.

«¡Mira!» –quise decir;

pero estoy solo–.

El autor tuvo una vida relacionada con el mundo monástico, una experiencia que podemos conocer también a través de su poesía. Las campanas de los templos, o las labores rutinarias de los bonzos son también fuente de inspiración para Taigi.

Niebla en los montes;

suenan las caracolas

de ministros del templo.

Tampoco olvida la naturaleza, y al igual que Issa, recurre a los animales para presentar algunas exposiciones llenas de movimiento y cautivadoras; o a las flores y los árboles cuando prefiere convertirse en un mero observador de lo que le rodea.

La edición bilingüe de Satori viene con traducción a cargo de un profesional de estos menesteres, nada menos que Fernado Rodríguez-Izquierdo, y que se permite algunas libertades en su tarea, alterando el orden de los versos a menudo, siempre con la intención de naturalizar lo que sería una traducción arquetipo. Por suerte, sus decisiones de traducción pueden ser contrastadas gracias a las notas de pie de página y por supuesto, al haiku en el idioma original tanto en alfabeto japonés como occidental. Estas características dan un valor académico importante a la obra.

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