¿Es Bakuman un reflejo de los valores japoneses?


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Que Bakuman no sea ni la mitad de conocido que Death Note es un poco injusto. La magnética obra de la pareja Ohba/Obata es una celebración en sí misma del manga, ejecutada a través de una historia que refleja una visión muy interesante sobre la sociedad japonesa.

Nota: Pese a que es un artículo de opinión, se ha tratado de evitar la inclusión explícita de spoilers argumentales.

La premisa que persigue es, a priori, bastante elemental. Mashiro y Takagi son dos jóvenes que luchan por convertirse en mangakas de éxito, y para ello, dejan de lado sus estudios para dedicarse por completo a dibujar y guionizar manga, respectivamente. Es ahí donde entra en escena Shueisha y la revista Shonen Jump, originaria de series tan importantes como Dragon Ball, One Piece o Naruto -y que al mismo tiempo edita Bakuman-, el pasaporte para los protagonistas hacia su sueño.

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Personajes de Bakuman

En Bakuman se hace un retrato increíblemente interesante sobre el mundo del manga. Cómo se enfrentan los autores a la obra, las presiones que tienen, las motivaciones que les mueven… en términos de la cultura japonesa clásica, parece que existe un “camino del manga” para ellos, al igual que en épocas pasadas existiera un camino del guerrero o un camino del té.

El manga es mucho más que un mero trasfondo en Bakuman. Se habla del proceso creativo, de las reglas del guión. El lector es transportado a la mesa de dibujo de los personajes y comparte con ellos la tormenta de ideas que les lleva a pensar el argumento de una historia. Se explican de manera divertida los diferentes tipos de cómic; siendo los protagonistas los genios del manga atípico y su principal competidor, Eiji Niizuma, el genio del manga casual. En definitiva, se celebra el manga mediante el manga.

Que el retrato del mundo editorial sea más o menos fidedigno a la realidad es difícil de saber. Hay muchos aspectos que son tratados con dureza. Que en ocasiones los editores traten de explotar a los artistas para sacar su máximo potencial o que se trate de buscar el éxito de la revista a cualquier precio son ejercicios de crítica hacia el sector que son muy acertados; pero no se afrontan otros temas polémicos.

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Niizuma

Por ejemplo, ¿por qué no se cuestiona la longevidad eterna de un manga de éxito? ¿en qué momento se pone un límite al trabajo que realizan los artistas? Hay muchos capítulos consecutivos en los que apenas se sabe nada de los autores de manga, aparte de que están haciendo manga -además se hacen alusiones explícitas a que están a tope de trabajo- convirtiéndose casi en robots fabricadores de riqueza para la editorial.

Es verdad que tampoco hay que sacar de quicio el concepto del manga, pues no deja de ser una obra de ficción realizada para un público juvenil. Pero si hay una cosa que comparten Ohba y Obata con Mashiro y Takagi es que tratan temas psicológicos y morales en sus obras; y muchas veces parecen sufrir una lacra de humanidad.

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Hiramaru

Las relaciones entre los personajes tienen una razón de ser original que, sin embargo, se va disolviendo para quedarse sólo en una cosa: la competitividad. Exceptuando a un personaje, Hiramaru -probablemente el secundario más gracioso y acertado de Bakuman– los nexos entre los demás terminan reduciéndose a “yo soy más que tú y te lo voy a demostrar”, lo que lleva a dos opciones: “he sido mejor que tú pero ha sido un duelo digno” y “has sido mejor que yo pero te tomaré la revancha”. Este parece ser el motor principal que les mueve a seguir dibujando como máquinas -lo cual no es necesariamente malo de por sí, pero acusa unos personajes que se vuelven bastante planos con el paso de los capítulos.

Eso no significa que la historia de fondo pierda interés, pero sí que pierde personalidad. Y es que, si establecemos paralelismos con la sociedad japonesa, se podrían establecer muchas coincidencias. En uno de los capítulos, Mashiro llega a su casa -tras varios tomos en los que lo vemos siempre en el estudio- y su abuelo, que vive con él, le dice algo así como “hace mucho tiempo que no hablo contigo, y no me queda mucho tiempo ya”. Pero lo peor de todo, es que este suceso aparece como algo completamente normal en el manga. Es uno de tantos ejemplos impactantes en los que se pueden señalar nexos entre Bakuman y la realidad japonesa.

Saquen sus propias conclusiones. O dejen su opinión.

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