El diario de la dama Murasaki. Los ojos femeninos del pasado japonés

La era Heian (794-1185), periodo histórico previo a la imposición samurai, fue una época luminosa y esencial en la que se forjó buena parte de la identidad japonesa. Aún con mucha incidencia de la cultura china, un complejo sistema cortesano y nobiliario movía el conjunto de islas que hoy conocemos como Japón.

El diario de la dama Murasaki

Autora: Murasaki Shikibu

Traducción: Akiko Imoto y Carlos Rubio

Introducción: Carlos Rubio

Editorial: Satori

Año: Siglo X (JP), 2017 (ES)

Hallar fuentes fiables de cómo era aquel mundo es realmente complicado, pero hay algunas obras, como ‘El diario de la dama Murasaki’ que nos han llegado en un estado de conservación más que aceptable. La autora del milenario Genji Monogatari dejó por escrito sus vivencias de una manera irrepetible, conformando un testimonio apasionante del pasado japonés de una delicada mano femenina.


Murasaki Shikibu fue una mujer célebre de su época, pese a haber estado empañada por la inmensa estructura nobiliaria que le rodeaba. De sangre Fujiwara, formó parte del séquito de la emperatriz Soshi debido a su excelente obra ‘Genji Monogatari’ y gracias a ello podemos hoy disfrutar de su diario, o al menos lo que se ha conservado de él. Un texto a medio camino entre un confesionario personal y una crónica palaciega.

Mediante el relato de Murasaki podemos entender con facilidad muchos de los enrevesados mecanismos de la corte. El diario incide especialmente en el nacimiento del príncipe, hijo de la Emperatriz Soshi, un evento de máxima relevancia que movilizó a numerosas personalidades, que celebraban ocasiones señaladas como el primer baño del “augusto niño” o los 50 días de su natalicio. Estas celebraciones reunían a un gran número de cortesanos para disfrutar de diferentes espectáculos como danzas, conciertos o intercambio de poesías.

Al fijarme en cómo día a día aumentaba el número de aves acuáticas en el estanque del jardín, pensaba: «¡Qué hermoso sería ver todo esto nevado antes de que volvamos a palacio!». Nevó dos días después, pero, ay, para mi desgracia fue justo durante mi ausencia, mientras pasaba unos días de permiso en mi casa. ¡Qué contrariada me sentí viendo los árboles nevados y sin gracia del pobre jardín de mi casa!

Recordaba aquellos años, antes de entrar a servir en la corte, cuando pasaba día y noche sumida en melancólicas reflexiones. […] Aliviaba mi melancolía escribiendo una historia insignificante [Genji Monogatari] acerca de la cual intercambiaba cartas con personas de gustos afines a los míos.

La sensibilidad de la autora no pasa desapercibida en su escrito, y podemos disfrutar de ella en numerosos pasajes (convenientemente clasificados en el libro como capítulos para facilitar la lectura) que nos permiten advertir cómo la admiración por la naturaleza y la elegancia en las formas ya constituían todo un modo de vida en el Japón Heian. El diario no falla en incluir confesiones de lo más íntimas, retratando a una dama a la que se le adivina humildad, indignación, envidia…

Por supuesto contamos con un gran soporte para situarnos en el contexto histórico en la edición de Satori, magistralmente introducida por Carlos Rubio, con un sinfín de notas a pie de página que nos aclaran cada referencia y rito tradicional conforme avanza la lectura. Al final de libro encontramos asimismo varios apéndices como árboles genealógicos e incluso planos de las localizaciones que menciona el diario. La encuadernación, como de costumbre, un lujo, unida a la colección de literatura japonesa femenina de la editorial que encabezan otras figuras prominentes como Higuchi Ichiyo o Izumi Shikibu

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: