Cuando la chica de tu vida resulta ser Tomie


Junji Ito no necesita presentación. Su inmensa contribución al género de terror va más allá del manga, en el cual ya derriba muchas barreras, haciéndose notar en el cine y los videojuegos. ‘Tomie’ es la primera gran obra de Ito, y sin duda la que le levantaría sobre el resto de humildes mortales en el manga.

Tomie (富江)

Autor: Junji Ito

Editorial: ECC

Tomos: 2

Año: 1987 (JP), 2016 (ES)

La eficacia de ‘Tomie’ como manga, como concepto y como historia de terror es incuestionable. Vamos a tratar de exponer las razones de su calidad sin desvelar demasiado de la trama, ya que uno de sus puntos fuertes es precisamente su capacidad para sorprender. Ito maneja con maestría la expectación del terror: sabemos que todo va a acabar mal, porque es una historia de terror, lo que no somos capaces de ver venir son los giros de guión que llevarán a un final muchísimo más inquietante de lo que habríamos imaginado.


La vigencia de esta serie como manga eficaz de terror -teniendo en cuenta que hace 30 años que fue gestado, en una revista shōjo donde recibió un premio- ya que, tanto entonces como ahora, se puede considerar muy alejado al común del género. Tomie es el personaje común en todos los relatos que componen la obra, que sin embargo son historias independientes sin un hilo conductor. Este formato ya de por sí es bastante raro: Ito se atreve a componer distintas maneras de aterrorizar bajo el mismo monstruo, esa chica preciosa llamada Tomie.

Tomie absorbe el espíritu de los yôkai en la cultura japonesa, en particular del kitsune, un ser mitológico con forma de zorro. El zorro ha servido de inspiración para numerosos relatos de terror en los que habitualmente se representa como un ser perverso que puede convertirse en mujer para engatusar a los hombres y empujarlos a un destino fatal. Tomie, al igual que un kitsune, es capaz de hacer perder la cabeza a los hombres por sus irresistibles encantos, hasta un punto tan obsesivo que desean matarla de las maneras más sádicas, descuartizándola y mutilándola.

Lo que de verdad resulta perturbador es que Tomie, en realidad, nunca muere. Sólo se reproduce: cada vez que su cuerpo se divide, aunque sea la parte más ínfima, una nueva Tomie aparece. Tan bella y maliciosa como la original. Esta característica del personaje es aprovechada por Ito para crear historias de lo más retorcidas, en donde no es la sangre lo que causa terror, sino la capacidad de Tomie para llevar a la desesperación a sus víctimas.

Por ser mínimamente ilustrativos, vamos a relatar una de las historias del segundo tomo. Una chica joven descubre un día, por accidente, que su padre esconde una cajita en una cómoda de la casa. La cajita resulta estar llena de mechones de pelo, a lo que la joven sospecha que debe tratarse de una amante de su padre. Asustada por el pensamiento, llama a una amiga para contárselo. El pelo es precioso, suave y brillante, por lo que la amiga decide acercárselo a su cabeza para ver cómo le quedaría. De repente, el pelo se introduce por sí solo en su cabeza, y para colmo, no puede arrancárselo. Las dos chicas quedan realmente sorprendidas por lo ocurrido, y finalmente la amiga se queda con la cajita de pelo ante el espanto de la otra.

Un día, por sorpresa, la protagonista descubre que su amiga se ha injertado todos los pelos en la cabeza, habiendo sustituido su pelo natural y… curiosamente, eso le ha hecho volverse realmente atractiva. Las facciones de Tomie empiezan a aparecer en su rostro… pero el pelo injertado ha seguido creciendo también por dentro, introduciéndose en su cerebro. Hasta que un día ha crecido tanto que le atraviesa toda la cara, matándola al instante.

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