Así es la generación de la songokumanía


Son Goku ha definido a una generación. No solo él, también Mazinger Z, Ranma o Doraemon. Pero, cronológicamente, fue Dragon Ball el que despertó el afán desmesurado que empujó a las editorales españolas a importar manga de manera masiva. En ‘Songokumanía’ se explora este fenómeno social, sus repercusiones en los distintos ámbitos de la España de los 90 y lo que ha supuesto hasta el día de hoy.

Songokumanía: El big bang del manga
Autor: Oriol Estrada Rangil
Prólogo: Marc Bernabé
Contraportada: Cels Piñol

Editorial: Edicions Xandri
Formato: Papel
Año: 2016

‘Songokumanía’ está hecho por y para fans de Dragon Ball, como es evidente. Su autor, Oriol Estrada Rangil, fue uno de los niños que en los 90 vivieron el apoteósico desembarco de las aventuras de Son Goku en la televisión. A raíz de tal experiencia y desde su más profunda curiosidad por saber cómo fue evolucionando este suceso e influyendo en las distintas capas de la sociedad española, confeccionó la presente obra así como un documental sobre el mismo tema. El fenómeno que se describe, más allá de las aventuras del niño mono, es a todas luces digno de un estudio sociológico, político y cultural.

Antes de la llegada de Dragon Ball no se hablaba de “anime”, aunque se televisaban varias series de dibujos japoneses. Mucho menos se hablaba de “manga”, ya que todo el cómic que se comercializaba era exclusivamente occidental. Son Goku cambió todo eso en cuestión de meses. Primero llegó a las televisiones regionales, con tv3 a la cabeza, desatando una locura colectiva especialmente notoria en Cataluña. Después comenzó la vorágine por atrapar todo ese negocio que se estaba generando: el manga despertaba interés, y se sacaría negocio de ello.

El autor enfoca el fenómeno de la songokumanía desde distintos ángulos. Desde el lado del espectador, típicamente un niño o adolescente que encontraba en las aventuras de Goku un universo original con personajes muy diferentes a lo habitual. Ofrece varios testimonios de niños de la época -ya adultos, claro- que relatan cómo vivieron aquello y de qué manera se encontraba aprecio en simples fotocopias de los personajes de la serie, en una época en la que no había Internet ni ningún tipo de merchandising relacionado con la serie.

Habla también desde el punto de vista de las televisiones, de las editoriales de los futuros manga y de la propia editorial japonesa Shūeisha, que en un principio no comprendía por qué narices los españoles querían su manga publicado en una tierra tan remota y -según pensaban- tan alejada de los gustos japoneses. Las negociaciones para conseguir la edición y publicación del Dragon Ball en papel son verdaderamente interesantes, y marcan un punto de inflexión en la relación comercial España-Japón.

De lo que también hace referencia el libro es de todos los puntos oscuros que afloraron tras el éxito de la songokumanía. La censura en televisión, los debates políticos que ponían en tela de juicio el contenido violento o picante de la serie, el conflicto de intereses con entidades religiosas… Hubo muchos episodios de lo más fascinante -por no decir de lo más lamentable- alrededor de Dragon Ball. Son una muestra de la resistencia al cambio natural que sufre una sociedad cuando un agente externo con tanto poder se introduce hasta lo más profundo de sus entrañas.

En general, el tratamiento del fenómeno de la songokumanía queda documentado con un buen grado de detalle, permitiendo a todo tipo de lectores entender por qué esta obra es tan importante como retrospectiva cultural. Se echa en falta, eso sí, algo más de información de otros territorios españoles, ya que el libro se centra casi exclusivamente en Cataluña, dejando un poco de lado el efecto ocasionado en aquellas regiones que llegaron un poco más tarde a tener Dragon Ball en sus televisores.

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