7 razones para leer literatura japonesa

Nos gusta la literatura y nos gusta Japón. Gracias al gran trabajo de unas cuantas editoriales españolas, algunas de ellas especializadas, hay un gran número de obras que podemos leer traducidas al español en los últimos años. La literatura japonesa despierta interés y la tendencia parece positiva: no son pocas las librerías que tienen ya espacios exclusivos dedicados a lo japonés. Estas son nuestras razones para leer literatura japonesa.

Por su estilo narrativo

La manera de narrar que encontramos en buena parte de las obras clásicas japonesas es especial, acostumbran a utilizar un enfoque introspectivo en el que la trama no es sólo una sucesión de acontecimientos, sino también una evolución emocional. El protagonista es el punto de fuga sobre el cual se dibujan el resto de elementos. No es una literatura efectista, sino intimista.

 

Para comprender la sociedad japonesa

Detrás del exotismo que conocemos, de las geishas, los samuráis y los refinados modos japoneses hay una sociedad que se ha hecho a sí misma a través de un periodo inédito en la historia de la humanidad: el periodo Edo. Durante siglos, el shogunato Tokugawa mantuvo aislado casi por completo a Japón del resto de civilizaciones, y eso permitió una efervescencia de tradiciones y hábitos apasionante. A través de la literatura podemos observar de manera privilegiada este fenómeno, que está en la raíz del carácer japonés actual.

 

Para descubrir la historia de Japón

Por algunas razones que no vamos a debatir aquí, la historia de Asia es bastante marginada en la educación española, y el común de los mortales conoce poco nada de información objetiva sobre extremo oriente, Japón en particular. Sin embargo, la historia japonesa es muy interesante, y nos da una visión mucho más amplia sobre la naturaleza humana. Comprender por qué el suicidio ritual seppuku (o harakiri) estuvo vigente, o qué causas desencadenaron un régimen militar como el samurái son aspectos fascinantes que podemos encontrar en las grandes epopeyas históricas japonesas.

 

Por su canto a la naturaleza

La concepción de la naturaleza está muy arraigada en la mentalidad japonesa y es un trasfondo habitual en la poesía, la novela y otras formas literarias. El sintoísmo, un budismo nacido en Japón, ha vertebrado esta manera de sentir y por supuesto podemos palparlo en gran cantidad de obras, que retratan de manera inmejorable este sentimiento de comunión y respeto por todo ser vivo y la contemplación de maravillas como la floración del cerezo.

 

Por su tratamiento de la homosexualidad

A diferencia de la tónica occidental, en Japón la homosexualidad fue tomada con naturalidad durante una gran parte de la historia. Obras capitales como ‘Confesiones de una máscara’, de Yukio Mishima, o ‘El espejo del amor entre hombres’, de Ihara Saikaku, nos sirven como testimonios de una mentalidad muy diferente a la que podemos esperar en las relaciones entre personas del mismo sexo; así como del declive de la misma cuando la época moderna trajo una adopción forzada de las costumbres occidentales.

 

Por su feminismo

Murasaki Shikibu escribió en el siglo X una obra fundamental de la literatura universal, ‘La historia de Genji’ (Genji Monogatari) que puso un sello imborrable en el formato de novela, y a quien seguirían muchas otras como Yoko Ogawa, Aki Shimazaki o Higuchi Ichiyo por citar algunas. Ellas fueron quienes bautizaron la literatura japonesa, le dieron forma, impregnaron el carácter femenino en su núcleo y nos ofrecen una óptica casi mágica en un mundo de cortesanos, señores guerreros y amores corrompidos. Los autores hombres, como Tanizaki u Osamu Dazai también han aportado una visión más que interesante sobre el mundo de la mujer, a menudo encasillado y sufrido, pero bello y emocionante.

 

Por sus premios Nobel

Lejos de ensalzar el valor de dicho galardón, lo cierto es que los únicos dos japoneses reconocidos bajo el Nobel, Yasunari Kawabata y Kenzaburo Oe, son exponentes magníficos de todo lo que la literatura de su país puede ofrecer; sin desmerecer el mérito de entrar en el club de los Nobel (tan abarrotado de blancos caucásicos), pues presenciaron un reconocimiento histórico.

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